La sensación de tener la espalda rígida, la dificultad para girar el tronco o la acumulación frecuente de tensión cervical y lumbar son problemas habituales. En muchas ocasiones centramos toda la atención en la zona que molesta, pero el movimiento humano no funciona mediante segmentos aislados: cuando una región pierde capacidad para moverse, otras estructuras modifican su comportamiento para completar la tarea.
La columna torácica, formada por las doce vértebras situadas entre la región cervical y la lumbar, debe combinar estabilidad, movilidad y adaptación respiratoria. Su unión con las costillas le proporciona una gran estabilidad, pero también le permite participar en la flexión, la extensión, la inclinación lateral y, especialmente, en la rotación torácica. Cuando esta capacidad disminuye, girar, respirar, levantar cargas o mover los brazos por encima de la cabeza puede requerir estrategias menos eficientes.
Esto no significa que toda molestia cervical o lumbar proceda de una columna torácica rígida. El dolor es multifactorial y también está condicionado por la carga de entrenamiento, el descanso, el estrés, la sensibilidad del sistema nervioso, las experiencias previas y numerosos factores individuales. Sin embargo, valorar la movilidad torácica permite comprender mejor cómo se distribuye el movimiento por el cuerpo.
En este artículo abordaremos qué se entiende por rigidez torácica, cuáles son los factores que nos llevan a perder capacidad de rotación y en que nos afecta esta pérdida de movilidad.
Tabla de contenidos
La columna torácica y la caja torácica
Antes de hablar de la rigidez torácica, conviene recordar que la columna torácica forma parte trasera de la caja torácica y ambos forman parte del esqueleto axial, que constituye el eje vertical del cuerpo
La región torácica superior está estrechamente relacionada con el cuello y la cintura escapular; la zona media participa en la orientación de la caja torácica; y la región torácica inferior establece una transición con la columna lumbar, el diafragma y la pelvis. Una persona puede disponer de movilidad global suficiente, pero presentar diferencias importantes entre regiones o entre ambos lados.
Puedes profundizar en la anatomía y biomecánica de estas estructuras en los siguientes enlaces:
- La columna torácica: anatomía y biomecánicaLa columna torácica: anatomía y biomecánica
- La caja torácicaLa caja torácica
Qué es la rigidez torácica
La rigidez torácica describe una reducción de la capacidad del complejo formado por columna torácica, costillas y tejidos asociados para deformarse, rotar, extenderse y adaptarse a las diferentes tareas. La rigidez torácica no suele deberse a que las vértebras estén literalmente “bloqueadas”. Con frecuencia aparece por una combinación de menor exposición al movimiento, posiciones mantenidas, escasa variabilidad, debilidad en determinados rangos y una respuesta protectora del sistema nervioso.
La edad, los cambios degenerativos, la morfología de la caja torácica, una cifosis estructural, el dolor previo y algunas patologías también pueden reducir la movilidad disponible. Por tanto, no todas las personas necesitan alcanzar el mismo rango ni responden igual a un mismo ejercicio.
La movilidad torácica no debe medirse únicamente por cuánto puede girar una persona. También importa cómo produce ese movimiento, qué segmentos participan, si contiene la respiración, si desplaza la pelvis o si obtiene el rango mediante extensión e inclinación lumbar.
También conviene diferenciar entre movilidad articular y sensación de rigidez. Una persona puede sentirse rígida sin presentar una limitación estructural importante, mientras que otra puede tener un rango reducido sin experimentar molestias. La valoración debe incluir cuánto movimiento existe, cómo se produce, dónde aparecen las compensaciones y qué sensación genera.
Menos movilidad torácica, más dificultad para rotar
La rotación del tronco no se produce únicamente en la columna torácica. Participan la columna cervical, la región lumbar, la pelvis y las articulaciones coxofemorales (Imagen 1) a través de sinergias musculares.

La orientación de las articulaciones torácicas permite que esta región contribuya de forma relevante a la rotación axial, mientras que la estructura lumbar está más preparada para soportar cargas y realizar flexión y extensión que para acumular grandes amplitudes rotatorias (White & Panjabi, 1990; Neumann, 2017).
Al intentar rotar, si las costillas y las vértebras torácicas aportan poco movimiento, pueden aparecer varias estrategias como:
- la pelvis gira junto al tórax y se pierde disociación entre ambos segmentos;
- la zona lumbar aumenta su participación;
- el cuello completa el giro;
- el hombro se desplaza hacia delante;
- se contiene la respiración para crear estabilidad;
- el cuerpo se inclina lateralmente en lugar de rotar.
Por eso es posible aumentar la rotación global a través de compensaciones, sin modificar realmente el movimiento de la región que se quiere.
Causas del aumento de rigidez torácica
La rigidez torácica rara vez aparece como consecuencia de una única causa. En la mayoría de los casos es el resultado de la interacción entre factores mecánicos, respiratorios, neurológicos y conductuales que, mantenidos durante meses o años, modifican progresivamente la capacidad de movimiento del segmento torácico.
Las principales causas por las que perdemos movilidad torácica son las siguientes:
El sedentarismo
Permanecer muchas horas sentado, especialmente frente a pantallas, favorece el mantenimiento de la columna torácica en una posición de flexión mantenida. Esto no provoca automáticamente una columna torácica rígida. El problema surge cuando esa posición constituye casi la única postura utilizada durante el día. Si apenas extendemos, inclinamos o rotamos el tronco, el organismo pierde progresivamente familiaridad y control sobre esos movimientos.
Con el paso del tiempo, los tejidos conjuntivos, la musculatura y las articulaciones costovertebrales reducen progresivamente su capacidad para extenderse y rotar, disminuyendo la variabilidad del movimiento disponible (Kendall et al., 2005).
Menor variabilidad de movimiento
Otro factor determinante es la disminución de la variabilidad motora. Los tejidos se adaptan a las demandas que reciben y el sistema nervioso puede interpretar los rangos menos utilizados como poco seguros o innecesarios.
Repetir siempre las mismas posturas y movimientos puede reducir la exposición del organismo a otras direcciones. Esto no significa que exista una postura universalmente “mala”, sino que la falta de cambios puede disminuir la tolerancia a movimientos poco utilizados.
El organismo se adapta a aquello que practica. Cuando utilizamos repetidamente un rango reducido, el sistema nervioso mejora su eficiencia dentro de ese espacio, pero puede perder familiaridad y control sobre otras posiciones.
Cuando una persona deja de realizar movimientos amplios de rotación, extensión o inclinación lateral del tronco, el organismo interpreta que dichos rangos ya no son necesarios y comienza a reducir su disponibilidad. En otras palabras, el cuerpo conserva aquello que utiliza con frecuencia y elimina progresivamente aquello que considera innecesario (Sahrmann, 2006).
Nuestro cuerpo necesita variabilidad, no permanecer rígidamente colocado en una única postura. Por eso, la misma postura mantenida durante muchas horas suele ser más relevante que la existencia de una supuesta postura perfecta o incorrecta.
Posición de la pelvis y orientación de la caja torácica
La columna torácica trabaja junto con la lumbar y la pelvis. Una posición pélvica sostenida o una estrategia lumbar dominante puede modificar la orientación del tórax y la manera en que se produce la rotación.
Anatomía, edad y cambios estructurales
La rotación depende de los deslizamientos coordinados de las carillas. Una reducción de la movilidad articular puede limitar la suma del movimiento entre segmentos.
La orientación de las facetas articulares, la forma de las vértebras, la cifosis torácica, la estructura de las costillas y la proporción entre los segmentos corporales condicionan la movilidad disponible. No todas las personas deben alcanzar los mismos grados de rotación.
Con el envejecimiento pueden aparecer cambios en los discos intervertebrales, las articulaciones vertebrales y los cartílagos costales. Diversos estudios han demostrado que la movilidad torácica disminuye progresivamente con el envejecimiento debido a cambios degenerativos en los discos intervertebrales, la calcificación progresiva de los cartílagos costales y la pérdida de elasticidad de los tejidos conjuntivos (Edmondston et al., 2011). No obstante, la magnitud de esta pérdida depende en gran medida del nivel de actividad física y del mantenimiento de programas específicos de movilidad, fuerza y exposición a movimientos variados a lo largo del tiempo.
Dolor, protección y aumento de tensión
Cuando una posición o movimiento se percibe como amenazante, el sistema nervioso puede aumentar la actividad muscular y reducir temporalmente el rango disponible. Esta estrategia incrementa la rigidez del segmento y permite protegerlo, aunque también disminuye su capacidad para adaptarse.
Los erectores espinales, transversoespinales, oblicuos, dorsal ancho y otros músculos pueden limitar el movimiento cuando mantienen una tensión elevada o presentan una escasa capacidad para alargarse y acortarse en diferentes posiciones.
Si la experiencia dolorosa se prolonga, la estrategia puede mantenerse incluso cuando el tejido ya no necesita el mismo nivel de protección. Las adaptaciones al dolor no siguen un único patrón: pueden implicar mayor coactivación muscular, reducción del movimiento, redistribución de la actividad entre músculos o utilización de articulaciones vecinas (Hodges & Tucker, 2011).
Por ello, sentir la espalda rígida no siempre significa necesitar más estiramientos. En algunos casos refleja una falta de fuerza o control; en otros, una respuesta protectora asociada al dolor, la fatiga o la inseguridad ante ciertos movimientos.
Patrón respiratorio disfuncional y rigidez costal
Las costillas forman parte del sistema torácico y la respiración desempeña un papel fundamental en la movilidad torácica. Un patrón respiratorio superficial, predominantemente apical y basado en el exceso de actividad de la musculatura accesoria, reduce el movimiento fisiológico de las costillas y limita la movilidad de las articulaciones costovertebrales.
Si las articulaciones costovertebrales, los tejidos intercostales o el esternón presentan poca capacidad de adaptación, como consecuencia, la caja torácica pierde capacidad para expandirse y la propia columna torácica disminuye progresivamente su movilidad, estableciéndose un círculo vicioso entre respiración ineficiente y rigidez mecánica a nivel costal (Hodges & Gandevia, 2000; Kolar et al., 2009).
Falta de control segmentario
Una persona puede disponer de movilidad pasiva, pero no ser capaz de distribuirla entre los diferentes segmentos. En ese caso, algunas zonas permanecen rígidas mientras otras concentran el movimiento.
¿En qué puede afectar un exceso de rigidez torácica?
Cuando perdemos movilidad torácica, la capacidad de movimiento que predominantemente perdemos es la rotación, ya que es fundamentalmente el movimiento que predomina en esta región.
¿Qué ocurre cuando la columna torácica deja de rotar?
Menor rotación global del tronco
La región lumbar tiene poca capacidad de rotación. La rotación del tronco depende principalmente de la columna torácica, ya que la orientación de las articulaciones lumbares permite muy pocos grados de rotación entre vértebras. Cuando la región torácica pierde movilidad, el movimiento global puede disminuir o desplazarse hacia la columna cervical, la zona lumbar, la pelvis o los hombros.
Compensaciones en otras regiones
El cuerpo no deja de necesitar rotación porque la columna torácica se vuelva rígida. Si una región reduce su contribución, el sistema redistribuye el movimiento hacia otros segmentos como:
- Columna cervical.
- Región lumbar.
- Hombros y escápulas.
- Pelvis.
- Caderas.
No significa que toda compensación provoque dolor, pero puede aumentar las demandas sobre regiones que no están diseñadas para aportar grandes cantidades de rotación vertebral (Mansfield & Neumann, 2017). El problema aparece cuando una estrategia se vuelve dominante, se repite bajo carga y supera la tolerancia de los tejidos implicados.
Alteración del movimiento de las escápulas y los brazos
Las escápulas se desplazan sobre la caja torácica. Una caja torácica con poca capacidad para rotar, extenderse o expandirse puede modificar las opciones disponibles durante la elevación o el alcance de los brazos.
Menor eficiencia en la marcha y el deporte
La marcha, la carrera, los cambios de dirección y numerosos gestos deportivos requieren rotación relativa entre tórax y pelvis. Una rotación torácica limitada puede reducir la capacidad para transmitir fuerzas de forma fluida.
Una menor rotación torácica puede alterar la coordinación entre la pelvis y la cintura escapular. Durante la marcha y la carrera, ambas regiones rotan de manera coordinada para equilibrar el cuerpo y transferir fuerzas. En los deportes de golpeo o lanzamiento, la rotación del tronco permite transmitir energía desde las piernas hacia los brazos. Si el tórax participa poco, el movimiento puede depender en mayor medida del hombro, el cuello, la región lumbar o la cadera.
Menor adaptabilidad respiratoria
La región torácica debe ser suficientemente móvil y coordinada para actuar como cámara mecánica durante la respiración, la tos y la espiración forzada.
Esto no permite afirmar que toda rigidez torácica cause una alteración respiratoria, pero sí que la movilidad de vértebras, costillas y esternón forma parte de la mecánica ventilatoria.
Una estrategia protectora y la pérdida del movimiento tridimensional
El SNC sacrifica movilidad a costa de estabilidad
Sabemos que la estabilidad es una respuesta coordinada del sistema nervioso, donde determinados músculos se activan para preparar el tronco antes del movimiento de una extremidad que genere una perturbación.
La sensación de rigidez torácica no siempre se explica por músculos acortados, articulaciones bloqueadas o falta de elasticidad. En determinadas personas puede aparecer como una estrategia protectora: el sistema nervioso aumenta la coactivación muscular y reduce la variabilidad del movimiento para crear una mayor sensación de seguridad.
Normalmente, en estos casos, trabajar exclusivamente con estiramientos puede resultar insuficiente. Es necesario recuperar el movimiento y, al mismo tiempo, enseñar al organismo a controlarlo.
Perdemos la capacidad de movernos en los tres planos del espacio
Antes de que aparezcan molestias cervicales o lumbares, la rigidez modifica el comportamiento del propio tórax. La columna torácica y las costillas dejan de cambiar de forma con la misma facilidad y el tronco dispone de menos opciones para orientarse en los tres planos del espacio.
Esta pérdida de adaptabilidad puede manifestarse como:
- dificultad para extender la región media de la espalda;
- menor rotación torácica hacia uno o ambos lados;
- menor expansión posterior o lateral de las costillas;
- movimiento conjunto de pelvis y tórax, sin capacidad para diferenciarlos;
- necesidad de elevar el pecho o arquear la zona lumbar para alcanzar los brazos;
- aumento de la tensión en hombros y cuello al respirar o moverse.
Una región torácica muy rígida puede ofrecer una sensación de estabilidad, pero tener poca capacidad para adaptarse a una respiración profunda, a la rotación, a los movimientos de los brazos o a cambios rápidos en el entorno.
Rigidez torácica y dolor cervical
La columna cervical se apoya sobre la región torácica. La cabeza debe permanecer orientada para mantener la mirada y recoger información visual y vestibular. Cuando el tórax permanece orientado hacia delante o pierde capacidad para extenderse y rotar, la región cervical puede aumentar su movimiento para cumplir esta función y el cuello puede modificar su posición para mantener la mirada horizontal y orientarnos hacia el entorno.
Por otro lado, la dificultad del diafragma para expandirse posteriormente y lateralmente por el posicionamiento de la caja torácica, causa que el cuerpo reclute de manera compensatoria los músculos accesorios de la inhalación que están ubicados en el cuello (como los escalenos y el esternocleidomastoideo). Estos músculos, que se anclan en la base del cráneo/cuello y bajan hasta la clavícula y las dos primeras costillas, para poder tirar de las costillas hacia arriba y meter aire en cada ciclo de respiración, necesitan «ventaja mecánica» y la principal forma de lograrla es adelantando la cabeza.
La persona puede desarrollar una posición adelantada de la cabeza, mayor extensión cervical superior o rotación cervical adicional. También puede aumentar la actividad de los extensores cervicales, el trapecio superior, el elevador de la escápula y los escalenos en esa adaptación.
"Adelantar la cabeza es un mecanismo de supervivencia biomecánica para poder respirar."
Con el tiempo, esta estrategia puede generar sensación de tensión, fatiga o molestias en el cuello y los hombros. Una revisión de Joshi et al. (2019) encontró una menor movilidad torácica en poblaciones con dolor cervical mecánico y una relación entre la cifosis torácica y la posición adelantada de la cabeza. Sin embargo, la cifosis no mostró una asociación uniforme con la intensidad del dolor o la discapacidad.
Por tanto, la rigidez torácica puede formar parte del problema cervical, pero no debe considerarse una explicación universal. En algunas personas, mejorar el movimiento del tórax reduce la necesidad de compensar con el cuello; en otras, será necesario intervenir también sobre la fuerza cervical, la cintura escapular, la exposición a las cargas y otros factores.
El dolor es multifactorial, también depende de la carga, la fuerza, el descanso, el estrés, las experiencias previas y la sensibilidad individual.

Rigidez torácica y dolor lumbar
La columna lumbar puede rotar, pero su estructura está más orientada a soportar carga y permitir flexión y extensión que a producir grandes amplitudes de rotación axial. Esto se debe a la orientación de sus facetas articulares. Un estudio mediante tomografía en bipedestación observó que, durante la rotación máxima del tronco, aproximadamente el 84 % del movimiento vertebral analizado se producía por encima de T10 y solo el 16 % en la región inferior (Mizukoshi et al., 2024).
Cuando disminuye la rotación torácica, la región lumbar, la pelvis y las caderas pueden aumentar su participación. En otros movimientos, como elevar los brazos, la limitación de extensión torácica puede compensarse aumentando la lordosis lumbar y desplazando las costillas hacia delante.
En algunas personas, cuando la región torácica no aporta suficiente movimiento, aumentan la rotación, extensión o inclinación lateral a nivel lumbar para conseguir girar o alcanzar una posición determinada (White & Panjabi, 1990). Esto ayuda a entender por qué algunas personas sienten que la zona lumbar siempre se carga al permanecer de pie, entrenar por encima de la cabeza o realizar ejercicios rotacionales. La musculatura lumbar trabaja para crear movimiento o estabilidad en una tarea en la que el tórax debería participar en mayor medida.
Repetir esta estrategia no provoca automáticamente dolor, pero puede elevar las demandas mecánicas sobre la musculatura lumbar, las articulaciones posteriores y otros tejidos. No obstante, sería incorrecto afirmar que toda sobrecarga lumbar se debe a una falta de movilidad torácica. También deben valorarse la movilidad de cadera, la capacidad de generar presión abdominal, la técnica, la fuerza, la fatiga, el volumen de entrenamiento y la tolerancia individual.
Un estudio de elementos finitos encontró que una columna torácica más rígida aumentaba diferentes cargas mecánicas sobre la región lumbar, mientras que una mayor flexibilidad torácica reducía el estrés calculado sobre discos y pars interarticularis. Al tratarse de un modelo biomecánico, estos resultados explican un mecanismo posible, pero no demuestran que la rigidez torácica produzca directamente dolor lumbar en todas las personas (Morimoto et al., 2024).
La evidencia general tampoco permite afirmar que una postura o movimiento concreto sea, por sí solo, la causa del dolor lumbar. La relación depende de la dosis, la capacidad de los tejidos y numerosos factores individuales (Swain et al., 2020).

Si quieres profundizar sobre el dolor lumbar, puedes hacerlo a través del siguiente artículo:
- Dolor lumbar o lumbalgia: ejercicio como tratamientoDolor lumbar o lumbalgia: ejercicio como tratamiento
Concusiones
La rigidez torácica comienza como una reducción de la capacidad del tórax para deformarse, extenderse, rotar y adaptarse a las demandas del movimiento y la respiración. Su primera consecuencia no es necesariamente el dolor, sino una pérdida de opciones o mecánicas de movimiento.
La rigidez torácica no siempre es sinónimo de acortamiento muscular o de baja elasticidad, puede estar relacionada con protección del sistema nervioso ante dolor o amenaza, exceso de coactivación muscular, una baja variabilidad del movimiento, una escasa coordinación entre tórax y pelvis, estrategias respiratorias disfuncionales, dificultad para controlar la posición del tronco o falta de confianza en determinadas direcciones.
Cuando el tórax dispone de menos movilidad, cambia la postura, disminuye la variabilidad respiratoria y se modifica la coordinación entre diafragma, pared abdominal, pelvis y columna vertebral. El sistema nervioso responde reorganizando la tarea: aumenta la tensión, modifica la posición corporal y solicita más movimiento a regiones vecinas.
Estas compensaciones permiten seguir funcionando, pero pueden incrementar las demandas sobre la columna cervical, la región lumbar, los hombros o las caderas. Si se mantienen bajo carga y superan la capacidad individual, pueden contribuir a la aparición de tensión, fatiga, dolor o pérdida de rendimiento.
Si existe dolor persistente, síntomas neurológicos, dificultad respiratoria, traumatismo o una limitación progresiva, la situación debe ser valorada por un profesional de la salud antes de iniciar un programa genérico de ejercicio.
En siguientes artículos abordaremos cómo influye la rigidez torácica en la postura, la respiración, el movimiento, la fuerza y el rendimiento, y cómo podemos recuperar la movilidad torácica.
CONTACTO
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Bibliografía
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White, A. A., & Panjabi, M. M. (1990). Clinical biomechanics of the spine (2nd ed.). Lippincott Williams & Wilkins.

Educador Físico Deportivo. Graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Colegiado nº 64.218. Máster en Prevención y Readaptación de Lesiones Deportivas en el Fútbol por la UCLM y la RFEF. Máster en Cineantropomería y Nutrición Deportiva por la UV. Técnico Superior en Dietética y Técnico Superior de Fútbol (UEFA Pro). Apasionado del fitness y como deporte futbolero. Tengo la suerte de ayudar a personas a mejorar su salud a través del ejercicio.
