Vivimos rodeados de tecnología, pasamos buena parte del día dentro de edificios y utilizamos calzado que nos separa físicamente del suelo. A diferencia de nuestros antepasados, el contacto directo de la piel con tierra, césped o arena ocupa una parte muy pequeña de nuestra vida cotidiana.
Esto ha despertado durante los últimos años un interés creciente por el grounding o earthing, términos utilizados para describir el contacto directo del cuerpo con la superficie terrestre, normalmente a través de los pies descalzos o mediante dispositivos conectados eléctricamente a tierra.
La idea resulta especialmente atractiva porque parte de un fenómeno físico real: el cuerpo humano es conductor y la superficie terrestre posee un determinado potencial eléctrico. Cuando ambos entran en contacto mediante una superficie conductora, el potencial eléctrico corporal cambia y tiende a aproximarse al de la Tierra.
A partir de aquí comienza una cuestión bastante más interesante —y también más controvertida:
¿Puede el contacto con la Tierra cambiar cómo se siente y funciona nuestro cuerpo?
Imagina que pasas una tarde entera en la playa, caminas descalzo por la arena, te sientas durante horas cerca del mar y, al día siguiente sales a correr y notas las piernas especialmente ligeras, las pantorrillas parecen menos tensas e incluso eres capaz de recorrer más distancia de la habitual.
¿Es simplemente descanso? ¿Es el efecto psicológico de pasar tiempo en la naturaleza? ¿Tiene que ver con caminar descalzo? ¿O existe realmente algún efecto fisiológico provocado por el contacto eléctrico entre nuestro cuerpo y la Tierra?
Ese es precisamente el objetivo de este artículo.
Tabla de contenidos
La tierra: un gran reservorio eléctrico
La Tierra puede considerarse un enorme conductor eléctrico. Su superficie mantiene un potencial de referencia que utilizamos incluso en ingeniería eléctrica cuando hablamos de una conexión a tierra. Por otra parte, nuestro organismo también presenta propiedades conductoras debido principalmente a su contenido en agua y electrolitos.
Cuando una persona entra en contacto directo con una superficie conductora conectada con la Tierra —por ejemplo, arena húmeda, tierra o césped— puede producirse una igualación del potencial eléctrico entre el organismo y el suelo. Al tocar la Tierra, estos electrones viajan por el tejido conectivo (la matriz extracelular).
Este fenómeno físico no es especialmente polémico. La controversia aparece cuando intentamos explicar qué consecuencias biológicas podría tener esa conexión.
La pregunta es concreta:
¿Puede el contacto directo con el suelo modificar nuestra fisiología y, en determinadas circunstancias, favorecer la recuperación o el rendimiento?
¿Existe realmente una transferencia de electrones?
Una de las hipótesis centrales del earthing propone que el contacto con la superficie terrestre permite un intercambio de carga eléctrica entre la Tierra y el cuerpo. Autores como Oschman, Chevalier y Brown han planteado que los electrones disponibles en la superficie terrestre podrían participar en determinados procesos de oxidación-reducción y contribuir a modular respuestas inflamatorias.
La idea es interesante, pero hay que expresarla con precisión.
No podemos afirmar rotundamente que los radicales libres sean simplemente “cargas positivas” que los electrones de la Tierra neutralizan de forma automática. La biología de las especies reactivas de oxígeno es mucho más compleja. Existen diferentes moléculas oxidantes, radicales y sistemas antioxidantes endógenos, y muchas de esas especies cumplen funciones necesarias en señalización celular, adaptación al ejercicio e inmunidad.
Presentar el earthing como un “antioxidante instantáneo” sería una simplificación excesiva. Lo que existe actualmente es una hipótesis biofísica según la cual el intercambio eléctrico con la Tierra podría influir sobre algunos procesos redox e inflamatorios. Esta propuesta cuenta con estudios experimentales interesantes, pero todavía necesita confirmación independiente y mecanismos fisiológicos mejor establecidos.
Esta diferencia entre fenómeno físico y beneficio fisiológico es fundamental.
"Sabemos que el contacto conductor con la Tierra modifica el potencial eléctrico corporal. Lo que todavía no sabemos con suficiente certeza es cuánto contribuye ese fenómeno, por sí solo, a cambios clínicamente relevantes en salud o rendimiento".
Grounding y earthing: no son exactamente lo mismo
Los términos grounding y earthing suelen utilizarse como sinónimos cuando se habla del contacto eléctrico con la Tierra.
El concepto "grounding" de Alexander Lowen
Mucho antes de que se popularizase la idea de conectarse eléctricamente con la Tierra, el médico y psicoterapeuta estadounidense Alexander Lowen utilizó el concepto de grounding dentro del análisis bioenergético.
Lowen desarrolló un enfoque corporal en el que respiración, tensión muscular, postura, movimiento y estado emocional estaban estrechamente relacionados. En su modelo, grounding, respiración y vibración constituían tres principios básicos del trabajo bioenergético. La Alexander Lowen Foundation continúa describiendo esos tres elementos como pilares de su enfoque.
No estaba hablando principalmente de electrones ni de la electricidad de la tierra. Hablaba de apoyo. De sentir dónde está el peso corporal, permitir que las rodillas se adapten, disminuir ciertas tensiones excesivas, respirar con mayor libertad y dejar que el cuerpo responda al suelo en lugar de mantenerse permanentemente rígido.
Lowen entendía la bioenergética como una relación entre cuerpo y mente expresada a través de respiración, postura, tensión muscular y movimiento. Su grounding buscaba que la persona recuperase contacto con sus piernas, sus pies y el suelo.
La confusión con el "grounding" de la psicología
Dos conceptos distintos que pueden encontrarse en un mismo punto
El earthing moderno plantea una interacción fundamentalmente bioeléctrica.
El grounding de Lowen plantea una relación corporal, postural y psicológica con el suelo.
No son el mismo concepto. Pero sí existe un punto de encuentro muy interesante para el entrenamiento y para la forma en que hoy entendemos el sistema nervioso:
«Nuestro organismo necesita recibir información del entorno para organizar la postura y el movimiento».
Los pies no son simplemente dos estructuras que soportan nuestro peso. Contienen numerosos receptores sensoriales que informan continuamente sobre presión, contacto, distribución de carga y características de la superficie. La información procedente del suelo se combina con la propiocepción, la visión y el sistema vestibular para mantener el equilibrio y organizar la respuesta motora.
Lowen utilizaba otro lenguaje, pero estaba poniendo el foco en algo que sigue siendo relevante:
«El cuerpo no puede separarse de cómo siente y utiliza el entorno sobre el que se mueve».
El suelo como fuente de información para el sistema nervioso
Nuestro sistema postural necesita integrar continuamente información visual, vestibular y somatosensorial. Cuando la información es suficientemente fiable y clara, el cuerpo puede permitir más movimiento y más variabilidad (oscilaciones y ajustes). Cuando la situación es incierta, puede aumentar la rigidez y reducir los grados de libertad como estrategia de seguridad.
El pie es una fuente de estimulación sensorial y neuromuscular
Cuando utilizamos calzado, existe una interfaz entre nuestro cuerpo y la superficie. Suelas, amortiguación, rigidez del material y geometría del zapato filtran parte de las sensaciones procedentes del terreno.
Sin embargo, cuando caminamos descalzos sobre césped, arena o tierra, aumenta radicalmente la cantidad y la calidad de información que recibe el sistema nervioso desde los pies. El pie recibe constantemente información sobre presión, textura, temperatura, inclinación y deformación del suelo. Cada paso obliga al sistema a reajustar pequeñas cantidades de fuerza y tensión.
«El suelo no es solamente el lugar sobre el que nos movemos. También es una fuente continua de información para nuestro sistema nervioso.»
Esto tiene especial relación con la neurología funcional descrita en otros artículos: el cerebro organiza el movimiento a partir de la información que recibe. Si cambia la entrada sensorial, también puede cambiar la respuesta motora.
Si quieres profundizar en la neurología funcional, te dejo el siguiente enlace:
- Neurología funcional en entrenamiento y readaptación físico-deportivaNeurología funcional en entrenamiento y readaptación físico-deportiva
"Cuando cambia la información que recibe el cerebro, también puede cambiar la estrategia de movimiento que produce"
El cuerpo que no confía en el suelo se vuelve más rígido
Nuestro sistema nervioso utiliza toda la información que recibe de los pies para ajustar el tono muscular de pies, tobillos, pantorrillas, rodillas y caderas. Una modificación de las referencias sensoriales plantares puede modificar la estrategia utilizada más arriba. Cuando el sistema percibe incertidumbre, tiende a aumentar la rigidez y a sacrificar movilidad.
Desde este punto de vista, “estar grounded” puede interpretarse de una manera bastante menos esotérica:
«Sentir mejor el apoyo permite utilizar mejor la información que llega desde el suelo»
El concepto de Lowen no demuestra los efectos eléctricos del earthing, pero anticipó algo que hoy encaja bien con modelos de control motor: la forma en que apoyamos, respiramos y distribuimos nuestro peso influye en cómo organizamos el resto del cuerpo.
Si quieres profundizar más en el pie y el entrenamiento de los pies te dejo los siguientes enlaces
- El pie: anatomía y biomecánicaEl pie: anatomía y biomecánica
- Influencia del pie en la postura corporalMEMBRESÍAInfluencia del pie en la postura corporal
- Entrenamiento de pies: ejercicios, beneficios y cómo fortalecerlosMEMBRESÍAEntrenamiento de pies: ejercicios, beneficios y cómo fortalecerlos
¿Puede el grounding o earthing favorecer la recuperación?
Uno de los ámbitos donde la investigación sobre grounding o earthing resulta más interesante es la recuperación después del ejercicio.
Dolor muscular y recuperación después de ejercicio excéntrico
Brown, Chevalier y Hill publicaron en 2010 un pequeño estudio piloto utilizando un protocolo destinado a producir dolor muscular de aparición tardía —DOMS— con el objetivo era comprobar si existían diferencias entre sujetos conectados a tierra y sujetos control. Los investigadores observaron diferencias en determinados marcadores y en algunas variables relacionadas con el dolor muscular, aunque la muestra fue muy reducida y el propio trabajo tenía carácter exploratorio.
Años después, Brown y colaboradores realizaron un estudio controlado con 32 hombres jóvenes después de contracciones excéntricas. También encontraron diferencias en algunos parámetros relacionados con dolor, creatina quinasa y respuesta hematológica entre sujetos conectados y controles.
Otro trabajo especialmente interesante para el ámbito deportivo fue publicado por Müller y colaboradores en 2019. Los participantes realizaron una sesión intensa de ejercicio excéntrico mediante carrera cuesta abajo y posteriormente durmieron durante varias noches conectados o no conectados a tierra. Los investigadores observaron diferencias en determinados marcadores relacionados con daño muscular, inflamación y recuperación de fuerza. Sus resultados sugirieron que dormir conectado a tierra podría favorecer algunos aspectos de la recuperación tras una carga excéntrica intensa.
Son conclusiones sugerentes, pero todavía no suficiente para situar el grounding al nivel de estrategias de recuperación ampliamente respaldadas como el sueño, una nutrición adecuada, la gestión de la carga o la recuperación entre sesiones.
En conclusión, no disponemos de evidencia suficiente para recomendar el earthing como herramienta ergogénica establecida.
¿El grounding puede mejorar tu rendimiento deportivo?
Si después de estar varias horas en la playa notas las piernas descansadas y eres capaz de correr más distancia, ¿podemos considerar al grounding una herramienta para mejorar el rendimiento?
Actualmente, no. Al menos no de forma directa.
Muniz-Pardos y colaboradores publicaron en 2022 un estudio muy interesante en corredores utilizando calzado que permitía una conexión eléctrica con el suelo. Los resultados no mostraron mejoras en el coste energético de carrera ni en las principales respuestas fisiológicas o perceptivas de corredores de élite.
Una intervención puede no mejorar directamente la eficiencia fisiológica de carrera y, sin embargo, influir indirectamente en cómo te encuentras al día siguiente.
Por ejemplo: Si pasas unas horas relajado, te mueves ligeramente, recibes luz exterior, estimulas los pies, disminuyes el estrés y posteriormente duermes bien, es perfectamente posible que al día siguiente percibas menos fatiga. El earthing podría formar parte de esa experiencia.
Cómo ponerlo en práctica
Si quieres experimentar con el contacto directo con superficies naturales, basta con introducirlo progresivamente dentro de tu rutina habitual. Caminar descalzo de forma progresiva sobre césped, tierra o arena, prestar atención a cómo distribuyes el apoyo y observar cómo responde tu cuerpo después puede ser una forma sencilla de añadir variedad sensorial a tu día.
No existe actualmente una “dosis científica” universal de grounding. Veinte minutos no constituyen automáticamente una dosis terapéutica, ni pasar dos horas garantiza un efecto mayor.
Si estás acostumbrado a utilizar calzado durante prácticamente todo el día, esta exposición debería ser progresiva. Caminar media hora tranquilamente por arena no es lo mismo que correr descalzo durante una hora. La musculatura del pie, el sóleo, los gemelos y el tendón de Aquiles pueden recibir una carga considerablemente diferente.
Y si atraviesas una lesión, sientes mucha rigidez en el pie o el tobillo, el objetivo no debería ser simplemente pasar más tiempo descalzo: debería ser entender por qué tu cuerpo necesita mantener esa estrategia y cómo devolverle progresivamente otras formas de moverse.
Concusiones
A diferencia del grounding, que en psicología describe técnicas cognitivas de atención plena para modular la ansiedad a través de los sentidos, el Earthing define una interacción electroquímica concreta. Al entrar en contacto con el suelo, el cuerpo iguala su potencial eléctrico con el del planeta, permitiendo que esta inyección de carga negativa actúe como un factor neuromodulador primario capaz de estabilizar los circuitos bioeléctricos de nuestro organismo.
Pasar tiempo descalzo en contacto con superficies naturales combina potencialmente varias cosas: una interacción eléctrica con la Tierra que todavía estamos estudiando, una enorme estimulación sensorial de los pies, movimiento, exposición al exterior y, muchas veces, una disminución del estrés cotidiano.
Alexander Lowen hablaba de grounding desde una perspectiva muy diferente, pero dejó una idea que sigue resultando interesante décadas después: la relación que mantenemos con el suelo forma parte de nuestra manera de organizar el cuerpo. No solo importa cuánto contacto tenemos con el suelo, sino qué información obtenemos de él y qué hace nuestro cuerpo con esa información.
Quizá el futuro de la investigación permita aclarar cuánto aportan realmente los electrones. Mientras tanto, recuperar algo tan sencillo como caminar descalzo de manera progresiva, utilizar los pies, moverse en la naturaleza y prestar atención a nuestros apoyos ya tiene valor por razones que no necesitan recurrir a explicaciones extraordinarias.
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CONTACTO
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Educador Físico Deportivo. Graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Colegiado nº 64.218. Máster en Prevención y Readaptación de Lesiones Deportivas en el Fútbol por la UCLM y la RFEF. Máster en Cineantropomería y Nutrición Deportiva por la UV. Técnico Superior en Dietética y Técnico Superior de Fútbol (UEFA Pro). Apasionado del fitness y como deporte futbolero. Tengo la suerte de ayudar a personas a mejorar su salud a través del ejercicio.
