La asimetría genética que influye en tu postura y movimiento

Muchas personas se identifican con sus asimetrías. «Siempre he tenido un hombro más alto», «cargo más peso sobre esta pierna» o «mi cadera es así» son frases habituales cuando hablamos de postura. Sin embargo, gran parte de las diferencias que observamos en nuestro cuerpo no son características permanentes de nuestra anatomía, sino adaptaciones que el organismo desarrolla para responder continuamente a las demandas de su entorno y mantener el equilibrio.

La realidad es que biológicamente no somos simétricos. Nuestros órganos internos, nuestro sistema respiratorio, nuestra organización neurológica e incluso nuestra forma de caminar presentan diferencias entre el lado derecho y el izquierdo. Estas asimetrías forman parte de nuestra biología desde antes del nacimiento y condicionan la manera en que distribuimos las cargas, respiramos, nos movemos y nos adaptamos a la gravedad.

Comprender esta realidad cambia por completo la forma de interpretar la postura y muchas de las molestias musculoesqueléticas que aparecen con el paso de los años. En este artículo analizaremos por qué el cuerpo humano nace siendo asimétrico, cómo estas diferencias influyen en el movimiento y qué papel desempeñan la respiración, el sistema nervioso y la gravedad en la organización postural de cada persona.

asimetría genética, asimetría corporal
Imagen 1: (Credit: canva)

Durante las primeras etapas del desarrollo embrionario se establecen mecanismos genéticos que determinan la orientación espacial de nuestros órganos internos. Gracias a ellos, el corazón se desplazará hacia la izquierda, el hígado ocupará predominantemente el lado derecho, el lado derecho del diafragma es más potente y grueso, y se sitúa más elevado que el izquierdo por la presencia del hígado, el estómago se localizará hacia la izquierda y los pulmones adoptarán configuraciones anatómicas distintas y también poseemos diferencias neurológicas entre los hemisferios cerebrales.

Está distribución está programada genéticamente y ocurre de forma consistente en prácticamente todos los seres humanos. Por tanto, la primera conclusión importante es que la asimetría no representa una compensación. Es el punto de partida.

A partir de ese momento, el sistema musculoesquelético deberá aprender a organizarse alrededor de una estructura interna que ya presenta diferencias entre ambos lados.

Una de las asimetrías más evidentes se encuentra en la cavidad abdominal. El hígado, el órgano sólido más grande del cuerpo humano, pesa aproximadamente entre 1,4 y 1,8 kg y se sitúa justo por debajo del hemidiafragma derecho. Esta posición del hígado proporciona una ventaja mecánica adicional al lado derecho del diafragma, permitiéndole trabajar sobre una base más estable en comparación con su lado izquierdo. Del mismo modo, la posición del corazón, la forma de los pulmones o la orientación de ciertas estructuras fasciales condicionan la manera en que el cuerpo gestiona las presiones internas y la distribución del peso.

El diafragma: la pieza que conecta respiración, postura y movimiento

Las asimetrías más influyentes son las que no vemos. Una de ellas se encuentra en nuestro principal músculo respiratorio: el diafragma.

Aunque solemos hablar del diafragma como si fuera una estructura única, en realidad está formado por dos hemidiafragmas con características anatómicas distintas. El hemidiafragma derecho suele ser más amplio y presenta una ventaja mecánica derivada, entre otros factores, del apoyo que proporciona el hígado. El izquierdo, por el contrario, debe convivir con la presencia del corazón y una disposición anatómica diferente.

diafragma; respiración diafragmática
Imagen 2: el diafragma derecho es más amplio y potente que el izquierdo

Como consecuencia, la respiración tampoco es perfectamente simétrica. Cada inspiración reorganiza presiones dentro del tórax y del abdomen sobre una estructura que ya presenta diferencias entre ambos lados. Si respiramos más de veinte mil veces al día, es razonable pensar que estas pequeñas diferencias terminan influyendo sobre la postura y el movimiento del mismo modo que una gota de agua acaba modelando una roca cuando actúa durante años.

Una tendencia natural hacia el lado derecho

Si nacemos siendo asimétricos, es razonable preguntarse si estas diferencias anatómicas pueden influir en la forma en que distribuimos el peso y organizamos nuestro movimiento. Y podemos afirmar que sí.

A primera vista, estas diferencias en la asimetría corporal pueden parecer insignificantes. Sin embargo, la gestión de las presiones abdominales, la mecánica respiratoria y la distribución de las cargas no se producen exactamente igual en ambos lados del cuerpo.

Cuando recordamos que respiramos más de veinte mil veces al día, comprendemos que pequeños sesgos mecánicos repetidos durante años pueden acabar influyendo sobre la postura y el movimiento de forma apreciable.  Del mismo modo que una ligera desviación en el rumbo de un barco apenas se percibe durante unos metros, pero puede separarlo kilómetros de su destino tras una larga travesía, las pequeñas asimetrías anatómicas pueden generar adaptaciones progresivas a lo largo de décadas.

¿Te has preguntado alguna vez por qué hay más personas diestras que zurdas?

A esta realidad estructural se suma otra igualmente importante: la lateralización cerebral. La mayoría de las personas son diestras, no porque hayan tomado conscientemente esa decisión, sino porque nuestro sistema nervioso presenta una organización funcional asimétrica favorece que la aparición de preferencias motoras, visuales y coordinativas desde edades muy tempranas. 

Así, en la mayoría de las personas, el hemisferio izquierdo participa de manera predominante en funciones vinculadas al lenguaje, la praxis y la planificación de acciones manuales especializadas, lo que se relaciona con la alta frecuencia de preferencia por la mano derecha en la población general (Alqadah et al., 2018; Corballis et al., 2012; Papadatou-Pastou et al., 2020).

En el plano corporal, estas asimetrías pueden expresarse como preferencias laterales —mano, pie, ojo o pierna dominante— y como pequeñas diferencias funcionales entre ambos lados del cuerpo. Aprendemos a escribir con una mano, a lanzar con un brazo o a iniciar determinados movimientos siempre desde el mismo lado. Estas preferencias son completamente normales y forman parte de la eficiencia del sistema nervioso.

asimetría genética, asimetría cerebral
Imagen 3: Fig 1. Laterality in the human nervous system, en Asymmetric development of the nervous system, por Alqadah et al., 2018.

Por último, existe un factor que acompaña al ser humano desde el primer hasta el último día de su vida: la gravedad. A diferencia de cualquier otra carga, la gravedad nunca desaparece. Está presente mientras caminamos, trabajamos, entrenamos o dormimos. Cada segundo obliga al organismo a decidir dónde apoyar el peso corporal, cómo distribuir las tensiones y qué estructuras utilizar para mantener el equilibrio. Si a esta fuerza constante le añadimos una anatomía asimétrica y un cerebro con preferencias laterales, resulta lógico pensar que el cuerpo desarrolle una cierta tendencia a organizarse de manera desigual.

Algunos estudios de control postural muestran que, incluso durante la bipedestación tranquila, las personas no siempre distribuyen el peso de manera perfectamente simétrica entre ambas piernas; la carga puede variar según la dominancia de pierna, la edad, la tarea, la instrucción experimental y los hábitos motores individuales (Gutnik et al., 2008; Kinsella-Shaw et al., 2013; Prado-Rico & Duarte, 2019; Rougier & Genthon, 2009).

Por ello, más que hablar de una regla universal de apoyo sobre la pierna derecha, es más preciso describir un sesgo lateral del sistema motor que puede favorecer un lado del cuerpo, pero cuya manifestación postural depende del contexto biomecánico y conductual.

"La asimetría es normal. Lo anormal es perder la capacidad de adaptarse a ella"

La marcha humana no busca simetría, busca alternancia

Caminar implica aceptar continuamente la asimetría y alternar entre ambos lados del cuerpo.

Cada paso requiere que una pierna soporte el peso mientras la otra avanza. La pelvis rota en una dirección, el tórax rota en la contraria y los brazos acompañan el movimiento para equilibrar las fuerzas generadas durante el desplazamiento.

La locomoción humana es, esencialmente, un proceso de transferencia constante entre derecha e izquierda. Nos desplazamos continuamente de un lado al otro.

Por eso la verdadera cuestión biomecánica no es si existe asimetría. La verdadera cuestión es si somos capaces de alternar eficientemente entre ambas asimetrías.

Un cuerpo sano no elimina las diferencias entre lados. Aprende a utilizarlas.

La pérdida de la alternancia

La mayoría de las personas que acuden a consulta presentan problemas, sobre todo musculo-esqueléticos, porque han perdido capacidad para gestionar la asimetría.

Con el paso de los años aparecen hábitos arraigados, lesiones, cirugías, periodos de sedentarismo o pobres estrategias respiratorias que reducen la variabilidad de nuestro sistema. Poco a poco el cuerpo empieza a apoyarse más sobre un lado, a respirar preferentemente utilizando determinadas zonas del tórax o a estabilizarse mediante grupos musculares concretos. El organismo deja de alternar y comienza a quedarse atrapado en una estrategia dominante.

Desde fuera esto suele manifestarse como patrones posturales repetitivos: una pelvis que siempre rota en la misma dirección, un hombro más adelantado, una caja torácica que pierde movilidad o una marcha progresivamente más rígida.

Sin embargo, el origen no está necesariamente en la estructura visible. El origen suele encontrarse en la pérdida de capacidad para moverse libremente entre ambos lados del cuerpo.

La rigidez aparece cuando desaparece la alternancia.

análisis de la marcha, ciclo de la marcha
Imagen 4: análisis del ciclo de la marcha (credit: canva)

Una nueva visión que afecta a la postura y moldea la práctica clínica

Nuestro organismo está en constante interacción con dos medios distintos. Por un lado, el medio externo, representado por la gravedad, el apoyo sobre el suelo, los gestos repetitivos, la actividad física o las horas que pasamos sentados. Por otro, el medio interno, formado por nuestros órganos, la respiración, las presiones que se generan dentro del tórax y el abdomen, y la propia organización del sistema nervioso. La postura emerge precisamente de la capacidad del cuerpo para gestionar todas estas fuerzas y encontrar una solución eficiente que le permita mantenerse estable y seguir moviéndose.

Comprender la asimetría genética cambia completamente la forma de interpretar la postura. Nos obliga a abandonar la idea de que el objetivo consiste en alcanzar una posición perfectamente equilibrada y nos acerca a una visión mucho más funcional del movimiento humano.

La pregunta deja de ser: «¿Está esta persona completamente alineada?» Y pasa a ser: «¿Puede esta persona utilizar ambos lados de su cuerpo con la misma libertad?»

La cuestión importante no es que exista un sesgo natural, sino conservar la capacidad de alternar entre ambos lados. Porque la salud del movimiento no depende de eliminar nuestras asimetrías, sino de evitar quedar atrapados en ellas.

Aquí está la clave

La salud del movimiento probablemente dependa mucho más de la capacidad de alternar que de la capacidad de mantener una postura idealizada.

Esta perspectiva ayuda a entender por qué ciertas compensaciones aparecen repetidamente en individuos diferentes y constituye la base sobre la que posteriormente se construyen modelos como los patrones Left AIC o Right BC descritos por Postural Restoration Institute (PRI).

Conclusión

La asimetría corporal no es un defecto que deba corregirse. Es una característica inherente a nuestra biología.

Nacemos con órganos distribuidos de forma desigual, respiramos sobre una estructura asimétrica y nos desplazamos alternando constantemente entre ambos lados del cuerpo. La simetría absoluta no forma parte del diseño humano.

Lo que realmente determina la calidad de nuestro movimiento no es la ausencia de asimetría, sino nuestra capacidad para adaptarnos a ella.

Cuando conservamos la capacidad de alternar entre derecha e izquierda, la asimetría se convierte en una ventaja funcional. Cuando esa alternancia desaparece, comienzan a aparecer patrones de rigidez, compensaciones posturales y limitaciones de movimiento.

Por eso, antes de analizar cualquier patrón postural específico, conviene recordar una idea fundamental: el problema no es que el cuerpo sea asimétrico. El problema aparece cuando deja de saber utilizar esa asimetría a su favor.

Sigue profundizando

Si este contenido te ha ayudado a entender mejor el tema, te recomiendo revisar los artículos relacionados dentro de la membresía o explorar la biblioteca de ejercicios para ver cómo llevar estas ideas a la práctica.

Y si quieres acceder a contenidos más completos, casos prácticos y recursos avanzados, puedes valorar la Membresía Plus.

Referencias

Alqadah, A., Hsieh, Y.-W., Morrissey, Z. D., & Chuang, C.-F. (2018). Asymmetric development of the nervous system. Developmental Dynamics, 247(1), 124–137. [Enlace]

Corballis, M. C., Badzakova-Trajkov, G., & Häberling, I. S. (2012). Right hand, left brain: Genetic and evolutionary bases of cerebral asymmetries for language and manual action. WIREs Cognitive Science, 3(1), 1–17. [Enlace]

Gutnik, B., Leaver, J., Standen, C., & Longley, C. (2008). Inferred influence of human lateral profile on limb load asymmetry during a quiet standing balance test. Acta Medica Okayama, 62(3), 175–184. [Enlace]

Kinsella-Shaw, J. M., Harrison, S. J., Carello, C., & Turvey, M. T. (2013). Laterality of quiet standing in old and young. Experimental Brain Research, 231, 77–85. [Enlace]

Papadatou-Pastou, M., Ntolka, E., Schmitz, J., Martin, M., Munafò, M. R., Ocklenburg, S., & Paracchini, S. (2020). Human handedness: A meta-analysis. Psychological Bulletin, 146(6), 481–524. [Enlace]

Prado-Rico, J. M., & Duarte, M. (2019). Asymmetry of body weight distribution during quiet and relaxed standing tasks. Motor Control, 23(4), 553–570. [Enlace]

Rougier, P. R., & Genthon, N. (2009). Dynamical assessment of weight-bearing asymmetry during upright quiet stance in humans. Gait & Posture, 29(3), 437–443. [ScienceDirect]

SUSCRÍBETE A MI NEWSLETTER

¡No hacemos spam! Al suscribirte aceptas recibir comunicaciones de estebantierratrainer.es. Podrás darte de baja en cualquier momento. Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

SUSCRÍBETE A MI NEWSLETTER GRATUITA

¡No hacemos spam! Más información en nuestra política de privacidad

Deja una respuesta