Pliometría: qué es, beneficios y cómo empezar con criterio

La pliometría es en uno de los métodos de entrenamiento más utilizados cuando hablamos de potencia, velocidad, salto, aceleración, cambios de dirección y rendimiento deportivo. Sin embargo, también es uno de los métodos peor entendidos.

Para muchas personas, entrenar pliometría significa simplemente hacer saltos. Pero saltar no siempre es entrenar pliometría. La diferencia está en la intención, en el tiempo de contacto, en la capacidad de absorber fuerza, en la transición entre la fase excéntrica y la concéntrica, y en la forma en la que el sistema músculo-tendinoso utiliza la energía elástica.

La pliometría no debería verse como una colección de ejercicios espectaculares, sino como una forma de entrenar una cualidad fundamental del movimiento humano: la capacidad de recibir una fuerza, tolerarla, almacenarla durante un instante y devolverla de forma rápida y eficiente.

Esto ocurre constantemente en el deporte. Cada apoyo durante la carrera, cada salto, cada aterrizaje, cada frenada y cada cambio de dirección contiene una expresión del ciclo estiramiento-acortamiento. Por eso, bien aplicada, la pliometría puede mejorar el rendimiento y aumentar la resiliencia frente a determinadas demandas lesivas. Mal aplicada, en cambio, puede convertirse en una fuente de sobrecarga, dolor o lesión.

El objetivo de este artículo es que entiendas qué es la pliometría, cuáles son sus beneficios reales y cómo empezar a utilizarla con criterio dentro de un proceso de entrenamiento orientado al rendimiento atlético y la prevención de lesiones.

La pliometría es un método de entrenamiento basado en acciones rápidas y explosivas que aprovechan el ciclo estiramiento-acortamiento (CEA) del sistema músculo-tendinoso. Implica una acción del tendón del músculo (serie de acciones) que implica el estiramiento de una unidad del tendón del músculo, generalmente debido a algún tipo de impacto, como el golpe del pie contra el suelo.

En términos simples, una acción pliométrica incluye tres momentos: primero, una fase de absorción o estiramiento; después, una transición muy breve; y finalmente, una acción explosiva de impulso.

Un ejemplo sencillo es el salto con contramovimiento. Antes de saltar hacia arriba, realizas una pequeña bajada mediante flexión de cadera, rodilla y tobillo. Esa acción previa permite acumular tensión y energía elástica. Si la transición es rápida, coordinada y técnicamente eficiente, el salto posterior será más potente que si intentas saltar desde una posición completamente estática.

La clave no está solo en producir fuerza, sino en producirla en muy poco tiempo.

¿De donde sale el concepto de pliometría?

La pliometría deriva del atletismo, de la década de 1950. Por aquel entonces Yuri Verkhoshansky era un entrenador soviético de saltadores y para muchos el padre de la pliometría aplicada al deporte.

No todo salto es pliometría

No todo ejercicio que incluya un salto puede considerarse pliométrico en sentido estricto. Un salto lento, fatigado, sin intención explosiva o con una fase de amortización excesivamente larga puede ser útil para otros objetivos, pero no necesariamente está desarrollando la cualidad pliométrica que buscamos.

Autores clásicos como Verkhoshansky y Siff han insistido en que el entrenamiento pliométrico debe respetar la naturaleza reactiva y explosiva del movimiento. Del mismo modo, Chu y Radcliffe han destacado la importancia de la técnica, la progresión y la calidad del contacto con el suelo para que el estímulo sea realmente útil.

La pregunta no es solo qué ejercicio haces, sino cómo lo ejecutas, con qué objetivo, en qué momento del proceso y con qué nivel de preparación previa.

pliometría
Imagen 1: Pliometría

El ciclo estiramiento-acortamiento

La base fisiológica del rendimiento pliométrico

El ciclo estiramiento-acortamiento, conocido como CEA o SSC ( por sus siglas en inglés (strech-shortening cycle), es la base de la pliometría (Dunnick et al., 2018). Komi (2000) lo describió como un modelo muy potente para estudiar la función muscular normal y fatigada, ya que permite observar cómo una acción excéntrica previa puede mejorar el rendimiento posterior de una acción concéntrica.

En la práctica, esto significa que el cuerpo puede generar una acción más potente cuando existe una fase previa de estiramiento rápido. Esa fase no solo prepara al músculo, sino que también permite la participación del tendón, de la fascia y del sistema nervioso.

La pliometría, por tanto, no es únicamente un asunto muscular. Es una interacción entre tejido conectivo, coordinación neuromuscular, rigidez funcional, control motor y capacidad de aplicar fuerza en el momento adecuado.

Las tres fases del ciclo estiramiento-acortamiento

El CEA suele explicarse en tres fases que se suceden rápidamente_

Fase excéntrica o fase de absorción

También denominada fase de descaceleración, en ella, el sistema músculo-tendinoso se estira y absorbe energía elástica en los tejidos. Esto ocurre, por ejemplo, en la preparación previa en la que flexionamos las rodillas para hacer un salto, al caer de un salto, al apoyar el pie durante la carrera o al frenar antes de cambiar de dirección.

Fase de amortización o transición

Es el instante que separa la absorción de la producción de fuerza. Cuanto más breve y eficiente sea esta fase, mayor será la posibilidad de aprovechar la energía elástica acumulada. Si esta transición se alarga demasiado, parte de la energía se disipa y el gesto pierde explosividad.

Fase concéntrica o propulsiva

Es el momento en el que el atleta libera la energía acumulada y produce la acción explosiva: saltar, acelerar, impulsarse o cambiar de dirección.

Cavagna, 1977

"Durante el trabajo negativo, cuando el músculo es estirado forzadamente, el músculo absorbe energía mecánica; esta energía puede disiparse en forma de calor o puede almacenarse en el músculo. A su vez, la energía mecánica almacenada puede ser degradada en forma de calor (esto es, si el músculo se relaja) o puede ser reutilizada inmediatamente después durante el acortamiento activo del músculo. En este último caso, el trabajo positivo realizado por los músculos durante el acortamiento se derivaría de la transformación de energía química en trabajo mecánico por la maquinaria contráctil y de la energía mecánica previamente almacenada en el músculo y tendón durante la fase negativa del trabajo. La cantidad de energía mecánica almacenada y reutilizada depende de la mecánica del ejercicio".

Estas fases no deben entenderse como compartimentos aislados. En el deporte aparecen de forma integrada, rápida y coordinada.

La importancia del tiempo

En pliometría, el tiempo importa. No basta con ser fuerte; hay que expresar fuerza rápidamente. La capacidad de aplicar fuerza en un tiempo muy breve es decisiva en acciones deportivas donde el contacto con el suelo dura apenas unas décimas de segundo. Por eso, una persona puede tener buenos niveles de fuerza máxima y, aun así, no ser especialmente reactiva, rápida o eficiente en acciones explosivas.

La fuerza máxima construye una base importante, pero la pliometría ayuda a transformar parte de esa capacidad en acciones más rápidas y específicas.

La producción de fuerza

La capacidad de producir y absorber fuerza son habilidades esenciales que debe desarrollar un atleta, ya sea en un programa de entrenamiento o regresando de una lesión.

El papel clave del tendón y la energía elástica

El tendón como transmisor y acumulador de energía

El tendón juega un papel esencial en las acciones musculares. Los tendones conectan el tejido muscular con el tejido óseo, lo que permite transmitir la fuerza generada por las fibras musculares a los huesos, además de poder almacenar y liberar energía elástica durante la activación muscular generando una fuerza mayor.

Imagina tu músculo como una goma elástica. Si la estiras y la sueltas rápidamente, devuelve parte de la energía acumulada debido a su elasticidad que le permite recuperar su forma original gracias a la tensión creada por el estiramiento al que se vio sometida. En el cuerpo humano ocurre algo parecido, aunque con una complejidad mucho mayor. Del mismo modo, nuestros músculos tienen un componente elástico e intentarán volver a su estado original en respuesta a cualquier tipo de estiramiento (Dunnick et al., 2018).

Energía elástica
Imagen 2: Fig. 6.5. En Entrenamiento de la Fuerza, por Lee E. Brown, 2018, Tutor España

En acciones rápidas como correr, saltar o rebotar, los tendones ayudan a que el movimiento sea más eficiente. Esto permite reducir parte del coste energético y mejorar la capacidad de producir fuerza en menos tiempo.

Músculo, tendón y fascia: un sistema integrado

Durante muchos movimientos cíclicos y rápidos, el músculo no siempre cambia mucho de longitud. En determinados gestos, puede trabajar de forma casi isométrica mientras el tendón y otros elementos elásticos se alargan y acortan.

Músculos con comportamientos casi isométricos

En una serie de experimentos, Kawakami y colaboradores (2006) demostraron que en los movimientos cíclicos los músculos tendían a permanecer predominantemente isométricos (A) en lugar de realizar el trabajo adicional de contracción concéntrica y excéntrica (B).  En sus estudios señalan que durante la fase excéntrica de contramovimiento de la flexión plantar, el gastrocnemio sólo funciona en un manera cuasi-isométrica, lo que significa que muy pocos cambios de longitud en las fibras musculares son observables en esta fase.

Porque, por el contrario, el tendón se alarga significativamente, por tanto, el CEA no puede considerarse como un fenómeno relacionado con los músculos.

Comparación de los cambios de longitud de los elementos musculares y colágenos en el “entrenamiento muscular” convencional (A) y en un movimiento más orientado hacia la fascia con propiedades de retroceso elástico (B). Los elementos elásticos tendinosos (o fasciales) se muestran como resortes, la fibra muscular como líneas rectas.

Imagen 3: Kawakami et al. (2002)

Considera que durante un movimiento convencional (A), los elementos colágenos elásticos no cambian significativamente su longitud, mientras que las fibras musculares contráctiles cambian significativamente su longitud (B), sin embargo, durante movimientos rítmicamente oscilatorios, como correr o saltando, las fibras musculares se contraen casi isométricamente, mientras que los elementos colágenos fasciales se alargan y acortan. como un resorte elástico de yo-yo.

Durante muchos movimientos cíclicos y rápidos, el músculo no siempre cambia mucho de longitud. En determinados gestos, puede trabajar de forma casi isométrica mientras el tendón y otros elementos elásticos se alargan y acortan.

Para mejorar la capacidad de saltar, correr o cambiar de dirección necesitas entrenar la coordinación del sistema completo. La pliometría bien planteada enseña al cuerpo a utilizar mejor esa relación entre músculo, tendón, fascia y sistema nervioso.

Esta resistencia son las interacciones complejas de tendones musculares, ligamentos, cartílagos y huesos. Se sabe que esta rigidez influye en el rendimiento al saltar, correr y cambiar de dirección.

Stiffness: rigidez funcional para rendir mejor

Qué significa stiffness en rendimiento atlético

En el lenguaje cotidiano, la palabra rigidez suele tener una connotación negativa. Sin embargo, en rendimiento deportivo, cierto grado de stiffness o rigidez funcional es necesario.

El stiffness puede entenderse como la capacidad del sistema músculo-tendinoso para resistir la deformación y devolver energía de forma eficiente. Un atleta con buen stiffness puede aprovechar mejor el contacto con el suelo, perder menos energía y generar acciones más rápidas.

Esto no significa moverse como una tabla. Significa tener la rigidez adecuada en el momento adecuado.

Ni demasiada rigidez ni demasiado colapso

El objetivo no es ser rígido sin más. Un exceso de rigidez puede aumentar la agresividad del impacto y reducir la capacidad de adaptación. Una falta de rigidez, por el contrario, puede producir apoyos lentos, pérdidas de energía, colapso articular y menor eficiencia.

En deportes con saltos, carrera y cambios de dirección, el atleta necesita una combinación compleja: movilidad suficiente para colocarse bien, fuerza para absorber, rigidez funcional para devolver energía y coordinación para orientar la fuerza hacia donde interesa.

Aumenta la rigidez y mejora tu potencia elástica

Un atleta que tiene mayor rigidez almacenará más energía elástica durante la fase de contacto con el suelo y generará más fuerza concéntrica en el impulso, aumentando la velocidad de carrera y la altura del salto.

Más tendón, más elasticidad, más rapidez

Ya hemos visto que los tendones son como bandas de goma que nos ayudan a transferir la fuerza al suelo de manera efectiva y eficiente, y te brindan «energía gratuita», pero, para la utilización de la energía elástica almacenada, es vital que el periodo de estiramiento y el periodo de transición entre el estiramiento y el subsiguiente acortamiento (acción muscular concéntrica) sean cortos.  

Zatsiorsky y Kraemer (2008) señalan que la cantidad de energía elástica almacenada en los tendones es depende en gran medida de la rigidez de los músculos. Si consideramos músculo y tendón como dos resortes conectados en serie, se almacena más energía en el resorte compatible.

Cuanto más podamos mejorar la rigidez y la elasticidad de los tendones, más podrá el atleta aprovechar la energía libre de los tendones y poner fuerza en el suelo rápidamente.

El uso de la energía almacenada en el tejido fascial para facilitar el movimiento es mucho más eficiente que las contracciones musculares que requieren la interacción de la actina y la miosina y el aumento del gasto calórico.

Movimientos más rápidos = más tendón, movimientos más lentos = más músculo.

Tamaño tendones vs músculos

A medida que tus músculos se hacen más pequeños, tus tendones se hacen más grandes.

Beneficios de la pliometría

Mejora la potencia

La potencia es la capacidad de aplicar fuerza rápidamente. En muchos deportes, ser fuerte no es suficiente. Hay que ser capaz de expresar esa fuerza en acciones breves, explosivas y coordinadas.

La pliometría estimula el sistema neuromuscular para mejorar esa velocidad de aplicación de fuerza. Por eso se utiliza en deportes donde el salto, la aceleración, el golpeo, la frenada o el cambio de dirección son determinantes.

Mejora la capacidad de salto

Uno de los beneficios más estudiados de la pliometría es la mejora del rendimiento en salto. Markovic (2007), en una revisión meta-analítica, analizó el efecto del entrenamiento pliométrico sobre diferentes pruebas de salto vertical, como el squat jump, el countermovement jump y el drop jump.

La mejora del salto es muy relevante en deportes como baloncesto o voleibol pero también es importante para otros deportes como fútbol, atletismo, deportes de combate, deportes de raqueta y en cualquier disciplina donde el atleta necesite impulsarse con rapidez.

El salto vertical

"Si ejecutamos dos saltos verticales consecutivos haciendo cada vez un esfuerzo máximo, siempre sucede que el segundo salto es más alto que el primero. El almacenamiento de trabajo en los músculos tensos provee, desde el inicio del segundo salto, una fuerza elástica sumamente alta que, en contraste, el músculo desarrolló sólo gradualmente durante el primer salto" (Marey & Demeny 1885).

Mejora de la velocidad y la aceleración

Correr rápido depende de aplicar fuerza contra el suelo con una orientación eficaz y en un tiempo muy breve. Podemos usar la pliometria para mejorar la calidad del apoyo, la reactividad del tobillo, la coordinación intermuscular y la capacidad de reutilizar energía elástica durante la carrera.

Slimani et al. (2016) observaron que programas pliométricos de corta duración pueden mejorar salto, sprint y agilidad en deportistas de equipo, especialmente cuando se integran de forma adecuada dentro del proceso de entrenamiento.

Mejora de los cambios de dirección (COD)

Cambiar de dirección exige frenar, absorber fuerza, controlar el centro de masas y volver a acelerar. Por eso, el entrenamiento pliométrico no debería limitarse a saltos verticales.

En muchos deportes, la acción decisiva no es saltar hacia arriba, sino ser capaz de frenar en un apoyo, estabilizar la cadera, controlar la rodilla, orientar el tronco y salir en otra dirección.

La pliometría puede contribuir a esta capacidad, pero debe progresar desde acciones simples y controladas hacia tareas más específicas, multidireccionales y reactivas.

Mejora de la economía y la eficiencia del movimiento

Cuando el cuerpo utiliza bien la energía elástica, el movimiento se vuelve más eficiente. Esto tiene importancia en acciones repetidas como correr, saltar o desplazarse durante un partido.

Dicho de otro modo: Un atleta eficiente no solo produce fuerza. También desperdicia menos energía.

La pliometría puede ayudar a mejorar esa eficiencia siempre que respete el nivel del deportista y no se convierta en una acumulación desordenada de impactos

La pliometría en la prevención de lesiones

Cuando la fuerza no es la adecuada, resulta en una pérdida de estabilidad y fuerzas son excesivamente absorbidas por las articulaciones. Esto lleva a un mayor riesgo de lesiones

La pliometría no previene lesiones por sí sola

Conviene ser preciso. La pliometría no es una vacuna contra las lesiones. No basta con añadir saltos a un entrenamiento para que el deportista sea automáticamente más resistente.

Lo que sí puede hacer la pliometría, dentro de un programa bien diseñado, es mejorar capacidades relacionadas con la reducción del riesgo: técnica de aterrizaje, control del valgo dinámico, fuerza excéntrica, estabilidad del pie y tobillo, tolerancia a impactos, coordinación y capacidad de desaceleración.

Los programas neuromusculares que combinan fuerza, técnica, equilibrio, agilidad y acciones explosivas han mostrado efectos positivos en la reducción del riesgo de lesión de ligamento cruzado anterior, especialmente cuando se aplican de forma regular y con énfasis en la calidad del movimiento (Petushek et al., 2019).

El aumento de la rigidez musculotendinosa puede ser otro posible factor para prevención de lesiones (Spurrs et al., 2003).

Y hay que tener cuidado. Las fuerzas máximas impulsivas altas producen riesgos de lesiones graves para las articulaciones. Los entrenadores deben tenga en cuenta que los ejercicios pliométricos pueden provocar daño muscular y descomposición del colágeno de los tejidos conectivos sin disminuciones en la capacidad muscular del esqueleto (Tofas et al., 2008).

Aprender a aterrizar antes de saltar

Una de las reglas más importantes es que antes de aprender a saltar alto hay que aprender a aterrizar bien.

El aterrizaje es una habilidad. No debería dejarse al azar.

Un buen aterrizaje implica absorber fuerza mediante una adecuada participación de cadera, rodilla y tobillo. También requiere control del tronco, estabilidad del pie y capacidad para evitar colapsos excesivos, especialmente hacia el valgo de rodilla.

El sonido del aterrizaje puede ser una pista útil. Si cada caída suena pesada y descontrolada, probablemente la absorción no está siendo eficiente. Una recepción silenciosa no garantiza una técnica perfecta, pero suele indicar una mejor capacidad de amortiguación.

La importancia de la fuerza excéntrica

La fase de aterrizaje y frenado depende en gran medida de la fuerza excéntrica. Esta capacidad permite absorber fuerzas elevadas sin que las articulaciones asuman una carga desproporcionada.

En el deporte, muchas lesiones aparecen en situaciones donde el atleta no logra frenar, estabilizar o reorganizar el cuerpo a tiempo. Por eso, la pliometría debe ir acompañada de un buen desarrollo de fuerza.

No hay pliometría de calidad sin una base de fuerza suficiente.

Todo movimiento dinámico comienza con una acción muscular excéntrica. Por ejemplo, cuando saltas, tus caderas se inclinan levemente, excéntricamente se alargan los cuádriceps y los glúteos antes del despegue. Este contramovimiento es fundamental para la producción de fuerza. La fase excéntrica pone en marcha una serie de eventos que precargan el músculo, se almacena energía para ser utilizada en un movimiento explosivo, concéntrico y dinámico (Dietz & Van Dyke, 2012)

Para mejoras en rendimiento pliométrico, cabe destacar que investigaciones recientes indican que el uso de excéntricos entrenamiento de sobrecarga conduce a un significativamente mayor tiempo de contacto de frenado y propulsión (de Hoyo et al., 2016).

El desarrollo de la fuerza excéntrica, que es clave en la fase de aterrizaje, es muy importante.

Cómo usar la pliometría con criterio

Según Heiduk (2021) existen cuatro principios del coaching para una adecuada progresión:
1. Pasa de lo simple a lo complejo
2. Pasar de ligero a pesado
3. Primero la técnica: calidad antes que cantidad
4. Evita la fatiga.

Principio de progresión

La pliometría debe progresar de lo simple a lo complejo, de lo controlado a lo reactivo y de lo menos intenso a lo más intenso.

Esta idea es fundamental. No tiene sentido comenzar con saltos en profundidad, multisaltos agresivos o tareas unipodales de alta demanda si el atleta todavía no controla un aterrizaje básico.

La progresión debe estar guiada por la calidad del movimiento, no por la prisa.

Calidad antes que cantidad

En pliometría, más volumen no siempre significa más adaptación. El entrenamiento pliométrico exige frescura neuromuscular, buena técnica e intención explosiva. Si el deportista acumula demasiadas repeticiones y empieza a moverse lento, descoordinado o fatigado, el estímulo pierde calidad y puede aumentar el riesgo de sobrecarga.

La pliometría, como ocurre en algunas disciplinas, no debería utilizarse como castigo metabólico ni como una forma de “quemar calorías”. Su objetivo principal no es agotar, sino mejorar la capacidad de producir y absorber fuerza de forma rápida.

Individualización

No todo el mundo necesita la misma pliometría. Un corredor, un futbolista, una jugadora de baloncesto, una persona que vuelve de una lesión de rodilla y alguien que entrena por salud no deberían seguir el mismo proceso.

Antes de programar pliometría conviene analizar varios factores: deporte, historial de lesiones, nivel de fuerza, tolerancia a impactos, técnica de aterrizaje, control del pie, movilidad, experiencia previa y momento de la temporada.

El ejercicio correcto para una persona puede ser excesivo o insuficiente para otra.

El entrenamiento pliométrico debe tener retroalimentación. Se debe enseñar con feedback

Frecuencia y recuperación

La pliometría intensa necesita recuperación. Las acciones de alto impacto generan demanda sobre el sistema nervioso, los tendones, las articulaciones y el tejido conectivo. En el SSC, la fatiga es absolutamente contraproducente. Provoca una disminución de la actividad neuromuscular y una pérdida del potencial energético elástico (Komi, 2000).

En el entrenamiento pliométrico, la intensidad está determinada por la altura o el esfuerzo del salto, el uso de peso adicional, o el estilo de ejercicio, como ejercicios de una o dos piernas. De acuerdo con la literatura, un tiempo de recuperación suficiente de se requieren 48-72 h. Esto significa una frecuencia de entrenamiento de aproximadamente dos veces por semana (Chu y Cordier, 2001).

Como orientación general, las sesiones pliométricas exigentes no deberían colocarse en momentos de gran fatiga. La calidad del contacto y la velocidad de ejecución son demasiado importantes como para entrenarlas siempre al final, cuando el deportista ya no puede expresarse bien.

En fases iniciales, pueden utilizarse estímulos de baja intensidad con más frecuencia. En fases avanzadas, los ejercicios de alta intensidad requieren más espacio de recuperación.

Cómo empezar con la pliometría

Construir una base

Antes de buscar ejercicios espectaculares, conviene construir una base sólida.

Esa base incluye fuerza general, movilidad suficiente, control del pie y la rodilla, estabilidad de cadera, capacidad de aterrizaje y tolerancia progresiva al impacto.

La pliometría no sustituye al entrenamiento de fuerza. Lo complementa.

La primera regla del salto: Aprender a aterrizar

La primera regla del salto: debes aprender a aterrizar antes de aprender a saltar. Aterrizar correctamente y bajo control es fundamental en los deportes. Es necesario trabajar mecánicas de aterrizaje y control del cuerpo mezcladas con rotación

Hasta el 77% de todos los traumas sin contacto que ocurren en el juego deportes se deben a aterrizajes de salto fallidos (Woods et al., 2003). Una estrategia importante para reducir este incidencia dramáticamente alta es la enseñanza adecuada técnicas de aterrizaje basadas en la contracción excéntrica (Sinsurin et al., 2016).

Empezar con baja intensidad

Para empezar, no es necesario utilizar ejercicios complejos. Puede ser suficiente trabajar aterrizajes controlados, pequeños rebotes, saltos bilaterales sencillos y tareas de coordinación.

El objetivo inicial no es saltar más alto. Es moverse mejor.

Progresar cuando el cuerpo está preparado

La progresión debe basarse en señales objetivas y subjetivas: ausencia de dolor, buena técnica, estabilidad, control del aterrizaje, recuperación adecuada y capacidad de repetir acciones sin pérdida evidente de calidad.

Cuando estas condiciones se cumplen, puede aumentarse la intensidad, la velocidad, la dirección del movimiento, la complejidad o la especificidad deportiva.

Principales errores del entrenamiento pliométrico

Confundir pliometría con saltar mucho

Uno de los errores más comunes es pensar que una buena sesión pliométrica es aquella que acumula muchos saltos.

La realidad es diferente. La pliometría efectiva no se mide solo por la cantidad de impactos, sino por la calidad de la respuesta. El objetivo es que cada contacto tenga intención, control y sentido dentro del programa.

Usar ejercicios demasiado avanzados

Los saltos en profundidad, los drop jumps exigentes o las acciones unipodales reactivas pueden ser herramientas muy útiles, pero no son el punto de partida.

Si el deportista no tiene fuerza, técnica ni tolerancia al impacto, estos ejercicios pueden superar su capacidad actual.

No observar el aterrizaje

Muchos programas se obsesionan con la altura del salto y descuidan la caída.

Esto es un error, especialmente en deportistas con antecedentes de lesión de rodilla, tobillo, tendón de Aquiles, isquiosurales o cadera.

El aterrizaje ofrece mucha información sobre la capacidad real del atleta para gestionar fuerzas.

Entrenar siempre en fatiga

En el deporte real, muchas acciones explosivas aparecen bajo fatiga. Pero eso no significa que el aprendizaje de la pliometría deba hacerse siempre fatigado.

Primero se construye la habilidad en condiciones controladas. Después, si el deporte lo exige, se puede exponer progresivamente al atleta a contextos más complejos y con fatiga controlada.

"Saltar puede convertirse en el mayor agente lesivo"

Pliometría y rendimiento atlético

Transferencia al deporte

La pliometría mejora su transferencia cuando se parece a las demandas reales del deporte, no solo en la forma del ejercicio, sino en la intención, dirección, velocidad y contexto.

En fútbol, por ejemplo, la pliometría puede relacionarse con aceleraciones, frenadas, duelos, saltos, cambios de dirección y acciones reactivas. En baloncesto y voleibol, el salto y el aterrizaje repetido son determinantes. En deportes de raqueta, la capacidad de frenar y volver a impulsarse puede marcar diferencias decisivas. En carrera, la elasticidad del sistema músculo-tendinoso afecta a la economía y a la eficiencia del apoyo.

Por eso, la pliometría debe formar parte de una visión global del entrenamiento, junto con fuerza, movilidad, técnica, velocidad, resistencia específica y gestión de cargas.

Del marco de salud al alto rendimiento deportivo

Una persona que entrena por salud puede beneficiarse de pequeñas dosis de impacto, coordinación y reactividad, siempre que estén adaptadas a su nivel. Un atleta de alto rendimiento, en cambio, necesitará estímulos mucho más específicos y exigentes.

La diferencia no está solo en los ejercicios, sino en el criterio de aplicación.

En niveles iniciales, el objetivo puede ser aprender a aterrizar, mejorar la coordinación y tolerar impactos básicos. En niveles intermedios, mejorar la potencia y la reactividad. En niveles avanzados, transferir esa capacidad a acciones deportivas concretas.

Conclusiones

La pliometría es mucho más que hacer saltos. Es una forma de entrenar la capacidad del cuerpo para absorber, almacenar y liberar energía de forma rápida y eficiente.

Su base está en el ciclo estiramiento-acortamiento, en la interacción entre músculo, tendón, fascia y sistema nervioso, y en la capacidad de aplicar fuerza en tiempos muy breves.

Bien utilizada, puede mejorar la potencia, el salto, la velocidad, la agilidad, los cambios de dirección y la tolerancia a las demandas del deporte. También puede formar parte de estrategias de prevención y readaptación de lesiones, siempre que se integre dentro de un programa completo y progresivo.

Pero la pliometría exige criterio. No se trata de saltar mucho, sino de saltar bien, aterrizar mejor y progresar en el momento adecuado.

Si quieres profundizar en cómo ordenar los ejercicios, cómo progresar según tu nivel y cómo aplicar la pliometría al rendimiento deportivo, dentro de la membresía encontrarás contenidos específicos para avanzar desde las bases hasta aplicaciones más exigentes.

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