Terapia de luz roja: estimula las mitocondrias

La terapia de luz roja (TLR), también conocida como fotobiomodulación (PBM) o low-level light therapy (LLLT), es una intervención no invasiva que utiliza luz de baja intensidad —principalmente en el espectro rojo y infrarrojo cercano (NIR)— con el objetivo de modular procesos celulares, especialmente aquellos relacionados con la función mitocondrial, la inflamación y la reparación tisular (Hamblin, 2016; Hamblin, 2017; Felician, 2023)

La fotobiomodulación se centra en rangos de longitud de onda que buscan estimular señales biológicas a dosis adecuadas. Es importante entenderla como una herramienta de “señalización”: en función de cómo se aplique (longitud de onda, potencia, distancia y tiempo), puede favorecer respuestas como mejora del metabolismo energético, regulación del estrés oxidativo y apoyo a la recuperación (Zein et al., 2018)

terapia de luz roja; fotobiomodulación
Imagen 1: Terapia de luz roja aplicada desde un panel (crédito: canva)

La terapia de luz roja consiste en exponer una zona del cuerpo a longitudes de onda específicas de luz, de forma controlada, durante un tiempo determinado, para estimular procesos biológicos beneficiosos en el cuerpo humano. Se suele trabajar con dos bandas principales:

  • Rojo visible (aprox. 630–670 nm, con usos extendidos hasta ~700 nm).
  • Infrarrojo cercano (NIR) (aprox. 780–850 nm, con variaciones según dispositivo).

Históricamente, el origen moderno de esta terapia se asocia a los trabajos pioneros del médico húngaro Endre Mester (años 60), quien probando efectos sobre el crecimiento tumoral en ratones, observó efectos biológicos inesperados (como cambios en crecimiento del pelo y cicatrización de heridas) usando luz de baja potencia (Mester, 2017). Desde entonces, el campo ha evolucionado desde láseres a LEDs y se ha expandido a múltiples aplicaciones experimentales y clínicas (Hamblin, 2017).

Hoy, la evidencia se organiza en dos grandes niveles (Glass, 2021; Felician, 2023):

  1. Mecanismos celulares plausibles (mitocondria, óxido nítrico, señal redox, transcripción génica).
  2. Resultados clínicos por contexto, con mayor solidez en algunos ámbitos (por ejemplo, piel/reparación, dolor/inflamación local, y recuperación muscular como adyuvante) y con evidencia aún heterogénea en otros.

La terapia de luz roja consiste en la exposición a longitudes de onda específicas de luz roja (600–700 nm) o infrarroja cercana (700–850 nm), que penetran tejidos biológicos y modulan la actividad celular, especialmente la función mitocondrial.

Longitudes de onda beneficiosas

En fotobiomodulación se habla mucho de longitudes de onda porque determinan dos cosas:

  1. Qué tan profundo puede llegar la luz (penetración).
  2. Qué moléculas pueden absorber esa energía (cromóforos).

De forma práctica:

  • Luz roja visible (≈ 630–670 nm): tiende a actuar mejor en tejidos más superficiales (piel, dermis, microcirculación) (Felician, 2023; Hernández-Bule et al., 2024). Se usa a menudo en protocolos dermatológicos (textura, inflamación, reparación).
  • Luz infrarroja cercana (NIR) (≈ 780–850 nm): suele penetrar más, con más probabilidad de influir en tejidos profundos (músculo, tendón, articulaciones) dependiendo de potencia, distancia y tiempo (Zein et al., 2018).

Ahora, el matiz importante: la eficacia no depende solo de la longitud de onda, sino de la dosimetría.

  • dosis bajas-moderadas pueden estimular
  • dosis excesivas pueden reducir el efecto o incluso invertirlo (Huang et al., 2009)

En otras palabras: “más luz” no siempre es “más resultados”.

La mayoría de los paneles terapéuticos combinan ambas para tener un efecto completo en tejidos superficiales y profundos.

“Al utilizar la fotobiomodulación se eliminan los rayos UV nocivos y se utilizan los elementos curativos”

¿Cómo actúa y qué efectos genera la terapia de luz roja?

La terapia de luz roja (TLR) se basa en principios de bioestimulación celular. Esto significa que ciertos tejidos responden a longitudes de onda específicas de luz (roja e infrarroja cercana) que pueden actuar sobre las células de la piel o penetrar más profundamente en el cuerpo. La TLR estimula el funcionamiento mitocondrial al nivel de la cadena respiratoria, mejorando la bioenergética celular. Sus efectos se deben a interacciones fotoquímicas, no térmicas. 

Estimulación de la cadena de transporte mitocondrial

El efecto más estudiado es la estimulación de las mitocondrias, los orgánulos encargados de producir energía en forma de ATP (adenosín trifosfato). Cuando la luz de este rango penetra en las células desencadena una reacción en cadena sobre las mitocondrias. 

Si quieres profundizar sobre las mitocondrias, te dejo el siguiente enlace:

El mecanismo clásico más aceptado es que parte de la energía lumínica es absorbida por componentes mitocondriales, especialmente la citocromo c oxidasa (CCO), un complejo clave de la cadena respiratoria. La CCO es una enzima mitocondrial que responde a la luz y desencadena un aumento en la producción de ATP, la energía celular. 

Esta interacción se asocia a una mejora de la función celular, del flujo electrónico y del metabolismo oxidativo, al aumento de la producción de ATP, activación de señales celulares posteriores y reducción del estrés oxidativo al modular la producción de especies reactivas de oxígeno (ROS) (Hamblin, 2017; Glass, 2021; Rojas et al., 2011).

“El principal mecanismo celular es la activación del citocromo C oxidasa, que desencadena una mejora en la función celular, la proliferación y la reparación de tejidos”

Aumento del óxido nítrico (NO), oxigenación y señalización

La exposición a luz roja también provoca la liberación de óxido nítrico (NO) desde la mitocondria. Una explicación propuesta es que la luz puede contribuir a modular la interacción del NO con la CCO (Quirk et al., 2020; Hamblin & Liebert, 2022). Esto tiene varios efectos:

🩸 Vasodilatación: mejora del flujo sanguíneo y oxigenación de tejidos.
💪 Reducción de la fatiga muscular al mejorar el suministro de nutrientes.
🧠 Mejora cognitiva y del estado de ánimo por una mejor perfusión cerebral.

Los efectos visibles

Tras la señal mitocondrial, se desencadenan respuestas a nivel de inflamación y mediadores inmunes locales, balance oxidativo (como modulador de señal redox), y expresión génica relacionada con reparación, proliferación y remodelado (Glass, 2021; Felician, 2023).

La luz actúa como estímulo y el tejido responde si la dosis es la adecuada. Cuando esa cascada ocurre en un tejido concreto:

  • Piel: apoyo a procesos de regeneración y mejora de parámetros relacionados con matriz extracelular (estimula la producción de colágeno) en contextos de fototerapia/PBM dermatológica (Hernández – Bule et al., 2024)

  • Recuperación muscular / DOMS: la evidencia agrupada sugiere que aplicada en ciertos protocolos puede ayudar como adyuvante en dolor muscular tardío (agujetas) y rendimiento post-ejercicio, aunque con heterogeneidad entre estudios (Canez et al., 2025)

  • Envejecimiento y tejidos de alta demanda energética (evidencia preclínica): en modelos animales se han observado cambios en actividad de CCO y marcadores energéticos tras PBM, lo cual se investiga como potencial vía de apoyo en procesos asociados a la edad (Cardoso et al., 2022)

“La luz roja ayuda a que las células funcionen mejor, más rápido y durante más tiempo”

Beneficios

La terapia de luz roja (TLR) se estudia por su capacidad de modular procesos biológicos relacionados con la bioenergética mitocondrial, el estrés oxidativo y la respuesta inflamatoria (de Freitas & Hamblin, 2016) y ha demostrado beneficios significativos en áreas como la regeneración celular, salud mitocondrial, regulación circadiana y prevención del envejecimiento acelerado Ramos et al., 2024), pero con una idea clave: los resultados dependen muchísimo de la dosis y del protocolo (longitud de onda, irradiancia, tiempo, frecuencia y zona tratada). Esto es relevante en contextos de fatiga crónica, envejecimiento y recuperación muscular, donde la mejora energética celular se traduce en mayor resiliencia fisiológica.

Resiliencia fisiológica con el ejercicio físico: En contexto deportivo, las revisiones con meta-análisis sugieren que la PBM puede reducir molestias post-ejercicio y mejorar marcadores de recuperación/rendimiento, especialmente cuando se aplica antes del ejercicio o alrededor del daño inducido por entrenamiento (DOMS) (Cánez et al., 2025)

Reducción del dolor musculoesquelético: La evidencia apunta a un efecto analgésico y funcional en algunos cuadros, por ejemplo artrosis de rodilla, donde se han observado reducciones de dolor y mejoras de discapacidad, aunque con certeza de evidencia baja y sin que se recomiende como sustituto de lo básico (ejercicio, fuerza, control de carga) (Tsagkaris et al., 2022; Oliveira et al., 2024)

Piel, reparación tisular y regeneración: En dermatología y reparación tisular, la TLR se usa y se investiga por su potencial para apoyar procesos de cicatrización y regeneración, con bastante literatura mecanística y clínica (de nuevo, muy dependiente de parámetros) (Felician et al., 2023). Los estudios vinculan la TLR con un efecto “antiedad” al resultar en una mayor producción, por ejemplo, de colágeno o de elastina, las proteínas que conforman el tejido humano y hacen que la piel sea más firme y elástica.

Fibromialgia y dolor crónico: hay datos interesantes, especialmente con protocolos de TLR de cuerpo completo, de mejora del estado general de las personas con fibromialgia, aunque todavía falta estandarizar parámetros  (Tsagkaris et al., 2022; Navarro-Ledesma et al., 2024)

Luz roja y ritmos circadianos

Uno de los pilares de la salud circadiana es la luz ambiental que recibimos a lo largo del día. Nuestros ritmos circadianos —esos ciclos biológicos de aproximadamente 24 horas— están profundamente sincronizados con el patrón natural de luz y oscuridad.

La exposición a luz natural durante el día y la reducción de luz azul por la noche son esenciales para mantener un ritmo circadiano saludable. Durante el día, la luz solar regula funciones como la secreción de cortisol, la temperatura corporal y la producción de serotonina. Por la noche, la ausencia de luz permite que la melatonina, la hormona del sueño, se libere adecuadamente.

La luz artificial, un enemigo silencioso

Vivimos expuestos a pantallas, luces LED y entornos sobreiluminados que alteran profundamente el equilibrio de nuestro sistema nervioso y hormonal. Esta exposición, especialmente durante las horas de la tarde o la noche, afecta a nuestros ritmos circadianos, la secreción de melatonina y la calidad del sueño.

La luz azul (~480 nm) emitida por dispositivos y bombillas frías es particularmente efectiva para suprimir la melatonina, una hormona clave en la regulación del sueño (Mylona et  al., 2022). La luz azul engaña al cerebro, haciéndole creer que aún es de día. Esto contribuye a insomnio, fatiga, estrés, disfunción metabólica, deterioro cognitivo y envejecimiento prematuro.

En este contexto, la terapia de luz roja se presenta como una herramienta de protección y resintonización circadiana. También la utilización de gafas que bloquean la luz azul ayuda a mejorar la calidad del sueño, reduce la fatiga ocular digital y mejora la secreción natural de melatonina cuando se usan en la noche (Chabal et al., 2025)

Luz roja como luz ambiental por la noche para proteger el ritmo circadiano

Una solución pasa por controlar la luz, filtrar la luz azul, y en su lugar, incorporar luz roja y/o ámbar en la rutina nocturna. A diferencia de la luz azul, la luz roja:

  • No inhibe la melatonina
  • No activa el sistema simpático, manteniendo un estado de calma fisiológica.
  • Puede usarse por la noche sin afectar el sueño ni la calidad del descanso.
  • Puede ayudar a resintonizar el ritmo circadiano en personas con disrupciones (turnos nocturnos, jet lag, insomnio crónico, etc.).

Como luz ambiental nocturna, la luz roja suele ser menos supresor de melatonina que el azul, aunque no es totalmente inocuo a altas exposiciones o tiempos prolongados (Sánchez-Cano et al, 2025). Esto se debe a que las longitudes de onda rojas e infrarrojas (>600 nm) tienen un impacto mínimo o nulo sobre las células fotorreceptoras del ojo responsables de regular la melatonina (especialmente las células ganglionares retinales sensibles a los 460–480 nm).

Aplicaciones de luz roja

Luz roja como higiene de ambiente nocturno

Sustituir luces LED frías por iluminación cálida/ámbar/roja en dormitorio o salón a partir del anochecer.

Bajar intensidad y evitar “bañar” la casa con mucha luz: el objetivo es crear un entorno compatible con desconexión (no “terapia”).

Incluso en modelos animales se ha visto que iluminar con luz naranja/roja durante la noche ayuda a mantener la expresión de genes reloj como PPARγC1α, involucrados en biogénesis mitocondrial y homeostasis energética (Mishra et al, 2021)

Gafas para pantallas por la noche

Usar gafas de luz roja o amarillas si debes exponerte a pantallas por la noche (como “plan B”), junto con bajar brillo y usar modos nocturnos. Algunos modelos emiten luz de baja intensidad para uso nocturno, bloqueando luz azul y ayudando al sueño.

Estas estrategias como el uso de bombillas de luz roja o la utilización de gafas rojas pueden ayudar a restaurar el equilibrio circadiano en personas con alteraciones del sueño, fatiga diurna o alta exposición nocturna a pantallas, dentro de una rutina global de hábitos (luz natural por la mañana, horarios, entrenamiento y nutrición).

Paneles de luz roja como rutina de recuperación/relajación

Usar paneles de luz roja antes de dormir como ritual de relajación sin alterar el ritmo circadiano, por ejemplo después de entrenar o al final del día.

Existen paneles LED con longitudes duales (660 nm y 850 nm) que se usan en sesiones de 10–20 minutos diarios, de pie o sentados frente al dispositivo.

Lámparas de infrarrojos

Otra herramienta muy usada en el mundo del deporte son las lámparas de luz infrarroja orientadas a la recuperación muscular. En este caso, el objetivo es aplicar energía de forma localizada sobre zonas sobrecargadas para favorecer una sensación de alivio, mejorar la circulación local y apoyar la recuperación tras una lesión o entrenamientos exigentes. Bien utilizadas, pueden ser un buen complemento dentro de una rutina que ya incluye fuerza, movilidad, sueño y gestión de carga.

lámparas de infrarrojos para dolor muscular
imagen 2: Uso de lámpara de infrarrojos en casa

👉 Si quieres profundizar en qué tipos de lámparas existen, cómo elegir una y cómo usarlas con sentido para recuperar mejor, haz clic en el siguiente enlace:

Conclusiones

La terapia de luz roja es una herramienta científicamente respaldada que potencia la salud mitocondrial, ayuda a regular el sueño, sincroniza el ritmo circadiano y promueve una longevidad saludable. Su uso adecuado mediante paneles, bombillas o gafas ofrece una forma accesible y no invasiva de optimizar el bienestar diario.

Los beneficios son especialmente relevantes en un mundo sobreexpuesto a luz artificial azul que altera nuestros biorritmos naturales.

No se trata solo de lo que comes, entrenas o sientes. La luz que te rodea condiciona tu biología, tu descanso y tu recuperación.

🔴 Filtra la luz azul por la noche.
🟠 Usa luz ámbar al atardecer.
💡 Enciende bombillas rojas al final del día.
🧠 Estimula tu salud celular con paneles de luz roja.

Tu cuerpo te lo agradecerá, y dormirás como nunca.

Referencias

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Chabal, S., Moslener, E., Markwald, R. R., et al. (2025). Personal light treatment devices: a countermeasure to improve sleep, fatigue, and circadian misalignment in an operational setting. Sleep Advances, 6(1), zpae097. [Enlace]

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