Influencia del pie en la postura corporal

El pie es la primera estructura que entra en contacto con el suelo en cada paso. Es el punto de apoyo, el receptor de cargas y el transmisor de fuerzas hacia arriba, proporcionando una base estable, condicionando la postura y la biomecánica de todo el cuerpo. Sin embargo, los pies son una de las zonas más descuidadas y uno de los grandes olvidados en el entrenamiento por la mayoría de la gente.

Existe una influencia del pie en la postura por el vínculo del pie con el resto del cuerpo, así cualquier desequilibrio en los pies puede tener un impacto en los movimientos cuerpo. Comprender la relación entre pie y postura corporal nos permite entender cómo una disfunción aparentemente pequeña, como un pie plano o un arco demasiado rígido, puede tener repercusiones en la rodilla, la cadera o incluso la columna.

El cuerpo debe ser visto como un sistema de vinculación por el cual un eslabón de la cadena puede tener un efecto incluso en eslabones distantes. En este artículo profundizaremos en aspectos clave como el centro de gravedad, la tensegridad, la relación entre el pie y postura corporal, la importancia del primer metatarsiano, y cómo una adecuada evaluación del pie puede ayudarnos a detectar desequilibrios antes de que se conviertan en lesiones.

Decir que el pie es la base de la postura no es una metáfora, es una realidad biomecánica. Igual que un edificio depende de la estabilidad de sus cimientos, el cuerpo humano depende del pie para mantener el equilibrio y la alineación.

Cada vez que estamos de pie o caminamos, los pies deben adaptarse al terreno, absorber los impactos y distribuir las cargas. Si este mecanismo falla, la compensación se traslada hacia arriba: tobillos, rodillas, caderas y columna.

Un pie fuerte, móvil y estable es sinónimo de una postura equilibrada. Un pie débil, rígido o inestable puede provocar un “efecto dominó” de compensaciones y pérdida de alineación.

El centro de gravedad también afecta a los pies

El centro de gravedad y el centro de masas son conceptos fundamentales para entender cómo los pies afectan a la postura.

  • El centro de masas es el punto teórico en el que se concentra la masa del cuerpo. En posición de pie suele localizarse cerca de la pelvis.

  • El centro de gravedad es la proyección de ese punto hacia el suelo. Su relación con los pies determina si nuestro equilibrio es estable o no.

La pérdida de un centro de gravedad neutral afecta a la distribución de cargas sobre el pie. Si el cuerpo no está alineado correctamente, algunas partes deben trabajar más para apoyar la postura y mantener el equilibrio. Esto se traduce en variaciones de la inclinación pélvica en el plano sagital, alteraciones de las curvaturas vertebrales o rigidez en determinados tejidos. 

  • Las personas con tendencia a cargar sobre la punta de los pies tienden a tener su centro de gravedad desplazado demasiado hacia delante. Para contrarrestarlo, se produce una contracción refleja de los flexores plantares del pie, con el fin de retrasarlo.
  • Las personas con un apoyo excesivo en los talones tienden a tener su centro de gravedad desplazado hacia atrás. Para contrarrestarlo, se contraen los flexores dorsales del pie.
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Imagen 1: El centro de masas varía en función de cómo el SNC percibe el entorno

Hicks (1961) demostró que cuanto más se adelante la línea de acción del peso corporal en relación con la articulación del tobillo, mayor es la magnitud de fuerza de reacción de la articulación del tobillo y, por lo tanto, mayor es la tendencia a aplanar la arcos. 

“Si tu centro de masas no está alineado con tu tobillo, esto cambiará la forma en que te mueves”

Si quieres saber más sobre la postura y las alteraciones posturales puedes hacer clic en los siguientes enlaces:

Tensegridad: cómo el pie afecta al resto del cuerpo

El cuerpo humano funciona como una estructura de tensegridad: un sistema en el que las tensiones se distribuyen a lo largo de músculos, tendones y fascias para mantener la estabilidad. Si quieres conocer en profundidad el modelo de tensegridad y la biotensegridad haz clic en el siguiente enlace.

Cualquier alteración en la tensión de su musculatura intrínseca o en la disposición del arco del pie afecta a toda la red miofascial. La tensegridad explica por qué un problema localizado en el pie puede manifestarse en zonas alejadas, como la rodilla, la zona lumbar o el cuello.

Con ocasión de las diversas actividades, el pie puede verse sometido a cargas muy intensas, de hasta 12 veces el peso del cuerpo, pero las cargas al nivel articular no exceden 2-3 veces dicho peso; esta diferencia puede explicarse mediante el concepto de tensegridad, que permite distribuir estas importantes cargas en el seno de los tejidos vivos estructuralmente multifasciculados, mantenidos por una tensión variable permanente (Maestro et al., 2023)

La movilidad del complejo pie-tobillo afecta a las caderas

Los pies nos dan información sobre la posición de las caderas. Cuando un pie se prona, la cadera de ese mismo lado se mueve hacia abajo y hacia delante.  Con el pie en supinación ocurre lo contrario. Pronación y supinación son una parte natural del movimiento del ciclo de la marcha. 

Un arco plantar excesivamente rígido, asociado a un pie cavo, puede relacionarse con una cadera en rotación externa, pero también podría ser la compensación de una cadera en rotación interna

Un factor que frecuentemente se pasa por alto es que nuestro pie necesita poder interactuar con el suelo para igualar la acción de rotación interna en la cadera. Abordar los pies o la forma en la que pisamos, absorbemos los impactos, disipamos la energía y nos propulsamos, puede ayudar a desbloquear una pelvis rotada y sintomatologías como la ciática.

Evaluación del pie: Análisis estático y dinámico

La evaluación de la forma de los pies en una postura estática puede aportarnos información muy reveladora del comportamiento biomecánico del cuerpo de una persona. La forma en cómo se organiza cada pie en el suelo es algo muy revelador en cuanto a qué estrategias compensatorias pueden existir. Los desequilibrios en los pies pueden alterar la distribución uniforme del peso y la fuerza en los arcos del pie, lo que podría provocar el colapso del arco, rigidez excesiva o una presión por encima de lo normal en tejidos o áreas específicas.

Análisis estático de los pies

Los pies de las personas cuando están de pie tienden a parecerse a ciertas fases de la marcha, que reflejan cierta posición de las articulaciones en la parte inferior del cuerpo.

Se observa el pie en posición de pie relajada

Observar el retropié y los arcos plantares

Valorar la presencia de valgo o varo de retropié: Al realizar una evaluación estática del pie, el primer paso es observar el retropié de ambos pies, valorando si existe un valgo (talón inclinado hacia dentro) o un varo (talón inclinado hacia fuera). Esta simple observación nos ofrece información relevante sobre cómo se reparte la carga y hacia dónde se proyecta la alineación de la tibia y de la rodilla.

Comparar los arcos plantares. No siempre son simétricos: es habitual encontrar un pie con un arco más elevado y otro con un arco más colapsado. Esta diferencia tiene implicaciones funcionales que ocurren durante la marcha:

  • El pie con el arco más alto tiende a inclinarse hacia dentro, mostrando un patrón más rígido.
  • El pie con el arco más bajo suele buscar “empuje hacia fuera”, siendo más flexible pero menos estable.

Estas asimetrías pueden revelar que lado de la pelvis está más anteriorizado (posición relativa). Cuando un pie se encuentra en una posición más “tardía” de la marcha (late stance), es decir, retrasado en comparación con el otro, suele corresponderse con el lado que está empujando más hacia fuera. En este caso, la pelvis de ese mismo lado tiende a estar más anteriorizada (más adelantada). En términos biomecánicos, esto significa que la tibia de ese lado estará más rotada externamente, y por tanto su rotación interna estará limitada. Dicho de otro modo, el pie no solo nos habla de lo que ocurre en el apoyo, sino que refleja restricciones de movilidad que ascienden hasta la pelvis y la cadera.

Análisis frontal de los pies

Simetría entre ambos pies

Observación del primer meta del pie: La fuerza y flexibilidad del primer dedo del pie puede afectar a la postura. Con el paso del tiempo, por calzado inadecuado, muchas personas desarrollan hallux valgus, que es la desviación lateral del dedo gordo.

Altura del arco plantar: Unos arcos muy altos implican una mayor rotación externa tibial que puede conllevar a su vez a una rotación externa en las caderas.

Evaluación dinámica

Movimientos de pronación y supinación

Al llevar la rodilla hacia delante sobre la punta del pie, el pie debería rotar internamente por el movimiento de la tibia y pronar observando cómo cede el arco. Al volver a la posición de inicio y llevar el peso hacia el talón, el arco debe recuperar altura y rigidez.

Algunos test funcionales que aportan información útil

Test de flexión de rodilla en decúbito supino

Si alguien no puede llevar el talón hacia la cadera por completo, es probable que esa persona tenga una limitación en la tibia con respecto a la rotación interna.

Test de dorsiflexión de tobillo

Una adecuada capacidad de dorsiflexión es imprescindible para una marcha funcional o simplemente para percibir el suelo de forma estable durante movimientos o ejercicios. Cuando carecemos de este rango, no solo se limitan nuestros movimientos, sino que también se compromete la acción del sistema vestibular, reduciendo la calidad de la información que recibimos del entorno y, por tanto, nuestra percepción del equilibrio.

Aquí la postura tiene mucho que decir si analizamos todo desde una visión global. Cuando la cadena posterior presenta un exceso de tono, los flexores plantares (gemelos y sóleo) quedan en una posición más acortada, lo que dificulta el acceso a un rango adecuado de dorsiflexión. Es frecuente intentar buscar soluciones locales (estiramientos aislados del tobillo, movilizaciones repetitivas…), pero la experiencia nos muestra que la respuesta está en observar la globalidad, es decir,  que a veces la limitación en la dorsiflexión no siempre es un problema aislado del tobillo, sino muchas veces un reflejo de la organización global del cuerpo.

Herramientas y tecnología

Existen otros recursos que permiten identificar compensaciones del pie que pueden pasar desapercibidas en una observación superficial.

Grabaciones a cámara lenta de la marcha y la carrera

Podograma

La realización de un podograma en una clínica de podología puede ser muy útil para conocer la distribución de la carga en talón, mediopié y antepié.

Relación entre pie y postura corporal: un efecto dominó

El desequilibrio de los pies puede afectar a la postura corporal. Cualquier alteración en los pies, donde las superficies sobre las que se soporta el peso están desiguales, puede afectar al equilibrio y comprometer la capacidad de los pies de proporcionar una base estable para el movimiento. Una razón es que a través de los pies recogemos mucha información que llega a nuestro cerebelo. Esto puede afectar a la postura, a la marcha e incluso aumentar el riesgo de sufrir lesiones.

Los pies son una entrada sensorial, como pueden ser los ojos o la mandíbula. Cuando un pie es débil, no tiene unas adecuadas referencias, el cerebro recibe menos información y en consecuencia el sistema nervioso tiene menos confianza en la información que le llega. Esto crea una cascada de problemas a lo largo de la cadena cinética.

Estas alteraciones biomecánicas en los pies pueden provocar un efecto dominó, desde los dedos de los pies hasta la columna. Cuando los pies están desequilibrados, el cuerpo lo compensa modificando la posición de la pelvis y la columna vertebral, lo que genera estrés biomecánico en el sistema musculoesquelético. Esto tiene implicaciones sobre cómo se cargan las articulaciones desde cero. Lo que significa que afecta lo que sucede en el tobillo, la rodilla, la cadera y la espalda.

Algunos músculos y tejidos acumulan una carga excesiva. Cuando los pies no están correctamente alineados, músculos como los isquiotibiales, los cuádriceps, los glúteos, gemelos o sóleo pueden trabajar demasiado o infrautilizarse, lo que provoca desequilibrios en la parte inferior del cuerpo y alteran la biomecánica del tobillo. Esta tensión excesiva provocar molestias y afectar su capacidad para moverse de manera eficiente. 

El comportamiento del pie no puede entenderse únicamente desde músculos aislados. Las líneas miofasciales descritas por Myers en Anatomy Trains ayudan a comprender cómo distintas cadenas musculares trabajan en conjunto para estabilizar, compensar y generar movimiento.

 

En la parte inferior de la pierna, los tejidos de la Línea Central Frontal Profunda (que incluye al tibial posterior, los flexores profundos de los dedos y el aductor largo, entre otros) actúan como contrapeso de las estructuras de la Línea Lateral (peroneos, tensor de la fascia lata, etc.). Esta interacción es esencial para estabilizar la tibia y el peroné sobre el tobillo y, además, para mantener la integridad del arco interno del pie.

  • Cuando los peroneos se bloquean en una posición acortada, generan un pie en eversión (apoyo hacia fuera), un tobillo pronado o incluso un antepié rotado lateralmente.

  • Por el contrario, cuando los músculos del compartimento posterior profundo (como el tibial posterior o los flexores plantares) están excesivamente acortados, provocan un tobillo en inversión o supinación, con el antepié rotado medialmente.

La Línea Espiral también interviene en este equilibrio. En ella, el tibial anterior y el tibial posterior contrarrestan la acción del peroneo largo, regulando las tensiones que influyen directamente en la posición del arco y la estabilidad del mediopié.

Desde una visión global (Myers, 2014):

  • Si el dorso del pie se desplaza hacia lateral respecto a la planta y el peso corporal se apoya en exceso hacia fuera, hablamos de una «inclinación lateral», típica del pie supinado.

  • Si el borde interno del pie se hunde y el arco colapsa, hablamos de una «inclinación medial» , característica del pie pronado.

Imagen 2: Fig. 9.49. En Anatomy Trains, por Thomas Myers, 2021, 4th edition, Barcelona: Elsevier Health

Cuando la LCFP es demasiado corta, los pies tienden a la supinación y la inversión (A); cuando la línea lateral presenta un acortamiento crónico, el pie tiende hacia la pronación y la eversión (B).

Si quieres aprender con más profundidad sobre las líneas miofasciales haz clic en el siguiente enlace:

Biomecánica del pie según su formas menos funcionales más frecuentes

El pie no solo se clasifica por su aspecto estético, sino también por su comportamiento funcional. Dos de las formas más frecuentes son el pie plano y el pie cavo, cada uno con consecuencias diferentes sobre la postura y la biomecánica del cuerpo.

Pie plano y postura: Cómo afecta la ausencia de arco

Cuando observamos un pie plano, vemos un pie que ha perdido la capacidad de mantener la rigidez del arco interno. Esto hace que el pie se mueva como una unidad rígida, incapaz de alternar entre supinación y pronación de manera eficiente.

El pie plano suele deberse a una falta de rigidez ligamentosa interna, a menudo asociada a hiperlaxitud, exceso de peso, anomalías posturales, debilidad de tejidos de sostén o predisposición genética. En muchos casos, los músculos tibial anterior y tibial posterior sufren sobrecargas, ya que deben compensar el trabajo que no realizan los ligamentos al sostener la bóveda plantar, pudiendo generar problemas de sobrecarga en los mismos.

El tibial posterior es un músculo de la pantorrilla interior que es en parte responsable de crear el arco del pie. Cuando está crónicamente apretado puede hacer que el peroné, y en menor grado la tibia, se incline lateralmente.

En la marcha, durante la fase media (cuando el pie pasa de apoyar el talón externo hacia la zona interna del arco), el pie plano combina una sobrepronación excesiva con la rotación interna de la tibia y el fémur.

Las consecuencias más comunes de los arcos caídos incluyen:

  • Fascitis plantar.
  • Tendinopatía del tendón de Aquiles
  • Síndrome de estrés medial tibial (periostitis).
  • Fracturas por sobrecarga.
  • Aparición de juanetes y callos.

No obstante, es importante subrayar que un pie plano no es inherentemente patológico. Muchas veces es simplemente la manifestación de otras limitaciones corporales. Por ejemplo, la pronación excesiva puede ser una compensación a una falta de rotación interna en la cadera o incluso a una pelvis en orientación anterior.

“A menudo, las personas que tienen los pies planos, también tienen una pelvis en inclinación anterior. Esto significa que su centro de gravedad está orientado hacia delante”

Más que “corregir” el pie plano en sí mismo, el objetivo es devolverle la capacidad de variar entre pronación y supinación, de manera que pueda adaptarse y transmitir fuerzas de forma saludable.

En alguno casos, la visita a un podólogo y el uso de plantillas personalizadas de soporte para el arco pueden ayudar como referencia externa, pero lo fundamental es trabajar el pie en movimiento y comprender que la rotación interna es la fuerza que nos permite penetrar el suelo en cada paso.

Pie cavo y excesiva rigidez del arco

En el extremo opuesto encontramos el pie cavo, caracterizado por un arco plantar demasiado elevado y rígido. Este patrón suele reflejar un pie en posición supinada, asociado a la rotación externa de la tibia, que tira del arco hacia arriba y limita la capacidad de acceder a la pronación.

Las consecuencias más relevantes son:

  • Dificultad para flexionar el tobillo y para rotar internamente la pierna durante la marcha.
  • Incapacidad de cargar el peso corporal de forma eficiente en el apoyo medio, manteniendo la descarga hacia el borde externo del pie.
  • Aumento de la tensión en rodilla, cadera, zona lumbar e incluso en el tronco superior como mecanismo compensatorio.

En este tipo de pie, los dedos suelen adoptar una posición de “garra” como estrategia para buscar estabilidad, mientras las cabezas de los metatarsianos tienden a empujarse hacia atrás, reduciendo el apoyo en la fase final de la marcha.

El pie cavo requiere intervenciones específicas:

  • Soporte extra en el calzado mediante plantillas que ofrezcan estabilidad en el talón y faciliten la transición hacia el apoyo medio.
  • Ejercicios que aumenten la capacidad de pronación y rotación interna de la tibia, sin llegar a colapsar el arco.
  • Trabajo específico sobre los peroneos, que guían al pie hacia el contacto con el borde interno y facilitan una pisada más equilibrada.

Entre sus causas encontramos factores estructurales y neuromusculares. En algunos casos se asocia a enfermedades neurológicas o a la atrofia de los músculos del pie, como puede ocurrir en personas con diabetes.

“Ni el pie plano ni el pie cavo son “problemas” en sí mismos, sino condiciones estructurales que modifican la forma en que el cuerpo gestiona las cargas. Lo importante no es encasillar al pie en una categoría, sino entender cómo estas formas influyen en la transmisión de fuerzas, en la postura y en el movimiento, para poder prescribir un entrenamiento o una readaptación adecuados”

Hallux Valgus en el primer meta del pie

Con el aumento de la edad, potenciado por el uso de calzado inadecuado que comprime los de dos de los pies, muchas personas desarrollan hallux valgus, también conocido como hallux abducto valgus (Thomas & Barrington 2003).

Hallux valgus es una condición progresiva compleja que se caracteriza por desviación lateral (abducción en valgo) del dedo gordo y medial desviación de la primera articulación metatarsofalángica (Imagen 3: Fig. 15.10B).

A no ser que tratado, el hallux valgus da como resultado un aumento progresivo del hallux ángulo abductus (es decir, el ángulo entre los ejes largos del primer metatarsiano y falange proximal) (Imagen 3: Fig. 15.10B).

Cuando el hallux abductus ángulo es menor de 15°, la condición tiende a ser asintomática. Sin embargo, los aumentos en el ángulo del hallux abductus por encima de 15° tienden a estar asociado con un aumento del dolor y la incomodidad alrededor de la primera articulación metatarsofalángica (Easley & Trnka 2007, Menz & Lord 2005).

En relación con la primera articulación metatarsofalángica, cualquier aumento en la el ángulo del hallux abductus tenderá a desplazar lateralmente las líneas de acción de la aponeurosis plantar y tendones de la intrínseca y extrínseca músculos que cruzan la primera articulación metatarsofalángica desde la metatarsiano al hallux.

Imagen 3: Fig. 15.9. En Disorders on the foot, por Frowen, P., O'Donnell, M., Lorimer, D. and Burrow, G, 2016, 8ª ed, Elsevier. (A) Superior aspect of the right foot with a hallux abductus angle of approximately 5°. (B) Superior aspect of the right foot with a hallux abductus angle of approximately 35°.

Pérdida de efecto Windlass

Es común que el mecanismo de Windlass (acortamiento de la fascia en la fase del paso) no se produzca de una forma eficaz y generemos problemas de tensión en la fascia plantar, gemelos, sóleos, tendón de Aquiles, etc.

La subluxación de estos las articulaciones disminuirán el efecto windlass sobre el primer metatarsofalángico articulación y, en consecuencia, tienden a resultar en un aumento fuerza en los músculos que soportan los arcos durante el empuje para para compensar la pérdida del efecto Windlass.

El aumento la fuerza muscular tenderá a aumentar el ángulo del hallux abductus y, en consecuencia, aumentar la presión sobre las superficies articulares entre el sesamoideo medial y la cabeza del primer metatarsiano, la tensión en el ligamento intertransverso y metatarsophalangeal ligamento entre la primera y la segunda articulación metatarsofalángica, y la presión ejercida por el zapato en la cara medial del primera articulación metatarsofalángica (Tanaka et al 1997).

Cuidado de los pies

¿Puedes levantar el dedo gordo del pie de manera independiente? ¿Y los el resto de dedos si mantienes el dedo gordo apoyado? Si no eres capaz, tienes que ponerte a trabajar en el cuidado de tus pies…

Si queremos que los pies nos acompañen sanos y fuertes durante toda la vida, debemos dedicarles atención. Son nuestra base de apoyo y, al igual que entrenamos el core o los glúteos, también necesitan estímulos y cuidados específicos.

Automasajes

Es muy importante cada cierto tiempo hacer un trabajo estructural sobre las fijaciones y engrosamiento del tejido conjuntivo del pie. Nos sirve para aliviar tensiones acumuladas en el pie que pueden afectar a los tejidos y forma del pie. El automasaje del pie se puede hacer manualmente o usando pelotas de tenis o espuma. 

Pasar tiempo descalzo

Ayuda a nuestro sistema nervioso a tomar conciencia de las tres superficies de contacto al estar de pie: el talón, la bola de el pie proximal al dedo pequeño del pie, y el bola del dedo gordo del pie. Esto estimula enormemente la propiocepción.

Caminar descalzo sobre césped, arena o tierra no solo fortalece la musculatura intrínseca del pie, sino que también el contacto directo con superficies naturales favorece la descarga eléctrica del cuerpo (efecto de los iones negativos), lo que puede tener beneficios en la regulación del estrés y la inflamación.

Entrenar descalzo y hacer ejercicios para fortalecer el pie

El entrenamiento descalzo es una estrategia poderosa para mejorar la movilidad, la fuerza y la percepción sensorial del pie. Utilizar material específico como cuñas, el trabajo con bandas elásticas para el dedo gordo o los ejercicios de equilibrio monopodal activan estructuras que el calzado suele “adormecer”. Si quieres saber más, haz clic en el siguiente enlace.

Elegir un buen calzado

Saca la plantilla de tu zapato y písala. ¿Tus dedos tienen espacio para moverse o se vuelcan unos sobre los otros? Si están apretados, el calzado no es bueno para tus pies. ¿Usarías guantes apretados en las manos todo el día?

Utilizar un calzado adecuado que respete la forma natural del pie. No todo el día podemos ir descalzos, por lo que elegir un calzado adecuado es esencial. Lo ideal es que sea ligero, flexible y con una base ancha en la parte delantera para permitir la expansión natural de los dedos. Un zapato demasiado rígido o estrecho limita la función del pie y genera deformidades con el tiempo.

Conclusiones

Los pies son una de las estructuras más utilizadas de nuestro cuerpo, pero paradójicamente, una de las más olvidadas. Su salud, movilidad y fuerza repercuten directamente en la postura, la marcha, la movilidad del resto del cuerpo y en la prevención de lesiones.

A la hora de evaluar a una persona para un programa de prescripción de ejercicio físico o readaptación es imprescindible valorar los pies o te estarás dejando información muy importante que podría estancarte a medio y largo plazo.

Cuando trabajamos en la función del pie —su fuerza, flexibilidad y capacidad de adaptarse—, el resto del cuerpo lo agradece: las rodillas se descargan, la pelvis encuentra una posición más equilibrada y el tronco mejora su estabilidad. Abordar los desequilibrios en los pies no es solo cuidar de ellos, sino también mejorar la alineación global, optimizar el rendimiento y reducir dolores en diferentes zonas de la cadena cinética.

El entrenamiento específico de los músculos del pie contribuye a la regeneración de los tejidos, disminuye el dolor y promueve un movimiento más natural y eficiente. En definitiva, unos pies entrenados son sinónimo de un cuerpo más fuerte, estable y con menor riesgo de lesión.

📩 Si quieres darle a tus pies la importancia que merecen y experimentar cómo ese cambio repercute en tu postura, tu salud y tu rendimiento escríbenos y empieza a entrenar desde la base: tus pies. Tu cuerpo te lo agradecerá.

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Referencias

Hicks JH 1961 The three weight-bearing mechanisms of the foot. In: Evans FG (ed.) Biomechanical studies of the musculoskeletal system. Charles C. Thomas, Springfield, IL.

Kendall FP, McCreary EK, Provance PG: Muscles, testing and function, ed 4, Baltimore, 1993, Williams & Wilkins.

M. Maestro, F. Bonnel, M. Schramm, E. Toullec, D. Viejo-Fuertes. 2023. Biomecánica y fisiología articular de la articulación subastragalina. Podología. Volume 25, Issue 1, Pages 1-13. ISSN 1762-827X. https://doi.org/10.1016/S1762-827X(22)47389-5.

Nester CJ 1997 Rearfoot complex: a review of its interdependent components, axis orientation and functional model. The Foot 7:86–96.

Tortora, G. and Derrickson, B., 2011. Principios de anatomía y fisiología. 13th ed. Madrid: Ed. Médica Panamericana.

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