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Tabla de contenidos
La fascia y el sistema fascial
¿Qué es la fascia?
La fascia ha derribado la puerta en el campo de las ciencias de la salud en los últimos años logrando la atención que antes no tenía, pero, ¿qué es la fascia?. En sí, es considerada comúnmente como tejido conectivo, el cuál se distribuye por todo el cuerpo como si fuese una red, pero con dinamismo. Se puede considerar a la fascia “una vaina, una lámina o cualquier otra agregación diseccionable de tejido conectivo que se forma debajo de la piel para unir, encerrar y separar los músculos y otros órganos internos”.
¿Por qué ahora se habla de la fascia?
Antiguamente, en las disecciones, se utilizaba un producto llamado Formol para la conservación de los cuerpos, pero éste alcohol quemaba la fascia. Una gran parte de este sistema fascial se cortaba para producir las imágenes que comúnmente vemos en libros y atlas de anatomía. La fascia era tirada y despreciada en la mayoría de las disecciones anatómicas.
Esto arraigó un modelo muy simplista fundamentado en la teoría muscular bajo el término “músculoesquelético”. En este modelo los músculos se adhieren en sus extremos proximal y distal y sólo a los huesos (conformando origen e inserción). Hablamos de aislamiento, y nos quedamos lejos de integridad. El tejido fascial son láminas de tejido conectivo que forman planos de interconexión que abarcan todo el cuerpo, rodean y separan los músculos y crean interfaces biomecánicas entre ellos (Langevin, 2021). Integridad funcional.
Por esta razón, casi todos los textos anatómicas representan nuestra anatomía aislando un músculo individual en el esqueleto, dividido de sus conexiones arriba y abajo, despojado de su alimentaciones neurológicas y vasculares, y divorciado de regionalmente estructuras adyacentes (Biel, 2005; Chaitow & DeLany, 2000; Jarmey & Myers, 2006; Kapandji, 1982; Muscolino, 2002; Platzer, 1986; Simons et al., 1998; Schuelnke et al., 2006; Luttgens et al., 1992; Como se citó en Myers, 2021)
Hoy en día, se habla del término “miofascial” el cuál ha ganado popularidad en las últimas décadas, reemplazando al concepto de ‘músculo’ en algunos textos y libros.
Estructura y función de la fascia
Vamos a profundizar un poco más sobre la fascia. De forma muy simple, este tejido está presente en planos profundos y superficiales del cuerpo. La capa superficial de la fascia se encuentra justo debajo de la piel y está conectada a ésta a través de los ligamentos de la piel. Así, si mueves la piel, también mueves la fascia. La capa profunda envuelve y conecta los órganos internos.
Los músculos, huesos, tendones, nervios, vasos sanguíneos y las vísceras están envueltos por este tejido y por lo tanto todo el organismo está interconectado sin interrupción por las fascias.
Aporta una arquitectura y un equilibrio estructural a nuestro cuerpo a través de conectar unas estructuras con otras permitiendo mantener una cohesión entre todas ellas. Está formada por numerosas láminas de tejido conjuntivo denso en las que las fibras de colágeno pueden estar alineadas en más de una dirección (Bogduk & Macintosh, 1984; Martini et al., 2004). A pesar de su disposición irregular el tejido conectivo está estrechamente conectado y puede soportar altas cargas de tracción (Stecco et al., 2008; Langevin & Huijing, 2009; Como se citó en Langevin, 2021). Cada componente de la fascia juega un papel específico en el sistema fascial cambiando y respondiendo a los estímulos de diferentes maneras (Fede et al., 2021).
Estudios recientes han investigado cómo la fascia contribuye a la conciencia del movimiento, la biomecánica, las lesiones y también a abordar el dolor. La ciencia avanza y cada vez hay más estudios, sin embargo, la información sensorial derivada de las fascias y su contribución a la propiocepción (nuestra conciencia interna) y el dolor musculoesquelético está en pañales todavía.
La red de fascias: El sistema fascial
La red de fascias conforma el denominado sistema fascial que rodea, entrelaza y compenetra todos los órganos, músculos, huesos y fibras nerviosas, aportando integridad estructural y proporcionando un entorno que permita a todos los sistemas del cuerpo funcionar de manera integrada. El Congreso de Investigación Fascial lo define como “el continuo tridimensional de tejidos conectivos fibrosos blandos, densos y sueltos que contienen colágeno que impregnan el cuerpo, proporcionando un entorno que permite que todos los sistemas del cuerpo funcionen de manera integrada” (Adstrum et al., 2017).
En mi visión, creo que es necesario considerar las conexiones fasciales para tener una visión más global y integrada sobre nuestro cuerpo, el movimiento y el dolor. Sin embargo, esta red es una parte importante del sistema musculoesquelético que a menudo se pasa por alto (Langevin, 2021).
Propiedades de la fascia
Para una mejor comprensión de los mecanismos por los que la fascia modula y afecta a todos los sistemas de nuestro cuerpo, interviene en nuestra estructura y también en el movimiento que reproducimos, creo que es muy importante conocer las propiedades que tiene. Vamos a conocerlas una a una.
La fascia muestra las cualidades tanto de un sólido como de un líquido. Entre sus propiedades tenemos: fluidez, viscosidad, deslizamiento, elasticidad, transmisión de fuerzas y plasticidad. Vamos a desengranar cada una de ellas para comprender mejor las funcionalidades de este tejido conectivo y cómo influye o responde ante diferentes estímulos.
Fluidez de la fascia
La fascia absorbe el agua como si de una esponja se tratase. Se puede decir que siempre está mojada. Ni las fibras de colágeno o elastina que componen la fascia absorben el agua pero siempre están en un ambiente húmedo. Recuerda que las células secas son células muertas.
Viscosidad de la fascia
La viscosidad es una medida de la resistencia de un líquido a fluir. Los materiales con alta viscosidad, como la miel, se mueven muy lentamente en comparación con algo de baja viscosidad como el agua. Según Elosegui-Artola (2021) la viscosidad está relacionada con el componente de deformación que es “similar a un líquido” dependiente de la velocidad, así, el tejido conjuntivo se deformará menos cuando se aplica una fuerza rápidamente que cuando se aplica lentamente, lo que permite que la estructura del tejido se reorganice en forma líquida a medida que se aplica la fuerza. Para entenderlo mejor, la viscosidad permite deslizarse con poca carga y movimientos lentos, pero proporciona estabilidad y máxima transmisión de fuerza en situaciones rápidas y de alta carga.
Existe una gran cantidad de ciencia detrás del calentamiento apropiado previo al entrenamiento y el deporte, y también detrás de la aplicación de calor en áreas rígidas del cuerpo. Se ha demostrado que el calentamiento de la fascia disminuye su viscosidad, haciéndola más fluida y más móvil (Matteini et al., 2009).
Entre los componentes de la fascia que influyen en la viscosidad de los tejidos, incluyendo la miofascia, destacan los glicosaminoglicanos (GAGs), un tipo de biomoléculas funcionales y estructurales, presentes fundamentalmente en el tejido conectivo, epitelial y óseo, así como en el medio intercelular. Una cantidad determinada de fuerza de cizallamiento dará como resultado una tensión mayor o menor según la rigidez y la viscosidad de la capa areolar (que forma la interfaz entre las capas de la fascia), que a su vez está determinada por su densidad de colágeno y reticulación, la composición de glicosaminoglicanos (GAGs) y contenido de agua (Langevin, 2021)
Deslizamiento de la fascia
La fascia y el sistema fascial en conjunto se caracteriza por tener gran capacidad de deslizamiento y de desplazamiento entre los diferentes planos de nuestro organismo. Este deslizamiento intertisular consiste en la capacacidad de moverse unas capas de tejido con respecto a otras, y en general es la potencialidad de adaptarse a los movimientos de las estructuras adyacentes.
El ácido hialurónico (hialurón o hialuronano), una sustancia mucílago, actúa como un lubricante para el tejido conectivo, ya que éste absorbe mucha agua. Cuando el tejido tiene bajas cantidades de hialuronano la fascia estará más densa, más seca y tendrá menos movilidad, menos flexibilidad y menos capacidad de deslizarse de forma adecuada. Por contra, un tejido rico en ácido hialurónico mejora la lubricación de la fascia y el movimiento.
La inmovilidad es causa principal de pérdida de deslizamiento. El sedentarismo, una postura mantenida en el tiempo o un gesto repetitivo hasta la saciedad causan rigidez en el tejido fascial, que aumenta su densidad. La fascia intermuscular o superficial densificada puede actuar como ‘adhesión’ para reducir el deslizamiento localmente (Fede et al., 2018; Como se citó en Myers, 2021). Con la fibrosis, la pérdida de movimiento de las fibras de colágeno y la rigidez de la matriz extracelular se dan cambios en la viscoelasticidad del tejido fascial, que disminuye la capacidad de deformación y deslizamiento de la fascia. Esto puede generar dolor e inflamación. Cuando existe una disfunción miofascial, la fascia se encuentra retraía y pierde su capacidad de deslizamiento.
Densidad de la fascia toracolumnar, pérdida de deslizamiento y dolor de espalda baja
La densidad de la fascia toracolumbar superficial se incrementa notablemente en personas con dolor de espalda baja, en comparación con los que no presentan este dolor. Así lo demuestra un estudio realizado por Langevin y colaboradores (2011), donde observaron la densificación y espesamiento fascial por ultrasonografía con una marcada reducción del potencial de deslizamiento de las capas más profundas de la fascia toracolumbar, en pacientes con lumbalgia baja.
En el estudio participaron 121 personas, 71 de ellas con dolor lumbar (Low Back Pain – LBP) y 50 sin dolor lumbar. A cada una se le realizó una grabación ecográfica en ambos lados de la espalda durante la realización de una flexión de tronco pasiva. En conclusión del estudio, la deformación de la fascia toracolumbar se redujo en el grupo con LBP (~20% menor en sujetos humanos con dolor lumbar crónico) en comparación con el grupo sin LBP (56,4% ± 3,1% vs. 70,2% ± 3,6% respectivamente, p < 0,01).
El movimiento ha de ser una parte esencial en la recuperación de los tejidos. Como entrenador, es primordial tener la capacidad de identificar aquellos tejidos o áreas clave que han perdido esta capacidad de deslizamiento y restablecer su función, devolviendo al tejido conectivo la viscoelasticidad, otra cualidad de la que hablaré a continuación
Elasticidad de la fascia
La elasticidad es la capacidad de un material para cambiar dar forma (deformarse) bajo una fuerza externa y resistir internamente, volviendo así a la forma anterior (reforma), es decir, la capacidad de volver a su forma original después de que se les aplica una fuerza externa a ellos.
En relación a las estructuras de tensergridad, todos sus componentes contienen energía almacenada, así, la estructura tensegrítica en reposo es un balance entre fuerzas opuestas, no un equilibrio estático. Al deformar la estructura en algún punto se almacena energía adicional, que será “devuelta” cuando la fuerza deformadora desaparezca y la estructura recupere su forma inicial y su balance de fuerzas.
Un concepto fundamental del componente elástico es la relación entre el estrés (fuerza aplicada), la deformación (deformación resultante de una fuerza aplicada) y la rigidez (Fung, 1993).
Una manera fácil de visualizar esta relación es pensar en colgar el mismo peso de dos bandas elásticas de diferente rigidez: la banda elástica más rígida se estirará menos (en imagen, se aprecia como la banda elástica verde se mantiene más rígida en comparación a la naranja, ante la misma kettebell de 12 kg)
Esto también se aplica a las propiedades materiales de los tejidos biológicos: la misma cantidad de fuerza producirá más o menos tensión dependiendo de sus propiedades de rigidez: el tejido más rígido se deformará menos, mientras que el tejido más blando se deformará más.

La elasticidad es definitivamente una propiedad de la fascia. Nuestra elasticidad no solo se refiere a la cantidad que podemos estirar sino a la habilidad o capacidad de restaurar un cambio de forma.
En el cuerpo humano tenemos el ejemplo de la oreja o la misma piel, gracias a la fibra de elastina contenida en sus tejidos. Pero ahora sabemos que incluso el colágeno de los tendones, ligamentos y aponeurosis tienen propiedades elásticas que permiten el almacenamiento breve de una significativa energía en rangos cortos de extensión y un retroceso donde el almacenado la energía se “devuelve” para recuperar la forma. Puedes profundizar más sobre esto en el siguiente enlace
- Energía elástica y stiffness muscularNuevoEnergía elástica y stiffness muscular
Transmisión de fuerzas en la fascia
La red de colágeno, en otras palabras, la fascia facilita y modula la comunicación mecánica en todos los tejidos del cuerpo (Myers, 2021). Esto permite la transmisión de fuerzas entre los tejidos y aumenta la eficiencia del movimiento al disminuir la tensión en las partes individuales y aumentar la comunicación entre los músculos afectados y la fascia (Myers, 2021)
Para que la fuerza se transmita de manera eficiente y sana, las células fasciales remodelan constantemente la red de colágeno para equilibrar la necesidad de suficiente resistencia a la tracción, sin crear adherencias que reducen el movimiento a los tejidos vecinos o cerrando la perfusión a las células locales (Myers, 2021)
La red de colágeno es un transmisor altamente eficiente de fuerza tensional (Van den Berg, 2012; Huijing, 2012; Huijing, 2012; Richter, 2012; Levin & Martin, 2012; Guimberteau, 2012; Como se citó en Myers, 2021). La transmisión y distribución de fuerza es el trabajo principal de la miofascia y la fascia profunda circundante (Myers, 2021).
Plasticidad de la fascia
Estira la fascia rápidamente y probablemente se rasgará, sin embargo, si el estiramiento se aplica con la suficiente lentitud y la fascia tratada es delgada y lo suficientemente saludable para cumplir, se deformará plásticamente: cambiará su longitud y conservará ese cambio. La plasticidad de la fascia es su naturaleza esencial.
Cuando un músculo está estirado, su reflejo miotático intentará contraerse para devolverlo a su longitud de descanso antes de rendirse, eventualmente agregando más células y sarcómeros para cerrar la brecha (Williams & Goldsmith, 1978)
Cuando se combina la viscosidad con la elasticidad, obtenemos la viscoelasticidad, que es la deformación plástica fascial, otra característica única del sistema fascial de nuestro cuerpo, y que es muy empleada en el yoga. Es proporcionada por las fibras de colágeno y elastina de los tejidos.
Las estructuras corporales están conectadas por cuerdas de características viscoelásticas lo que obliga a un proceso de equilibrio constante.
Los tejidos biológicos son viscoelásticos, lo que significa que su comportamiento mecánico puede describirse como sólido (elástico) y líquido (viscoso) (Elosegui-Artola, 2021; Chaudhuri et al., 2020; Stecco et al., 2021; como se citó en Langevin, 2021)

“La viscoelasticidad es una propiedad de toda estructura de tensegridad. Se llama ‘viscoelástica’ porque cuando está estresado, primero se comporta como si fuera un líquido, entonces se comporta como un sólido elástico, no porque se compone de esos dos estados. Sin embargo, cuando se elimina el estrés, lo hace al revés y hay un retroceso controlado”.
Levin (2003)
Conclusiones
Hasta hace poco tiempo, el interés sobre la fascia por los profesionales de la salud y los deportistas en general era relativamente escaso, sin embargo ahora hay más investigaciones y se le reconoce más su importancia.
Hablamos en definitiva de una segunda piel, ya que todo nuestro cuerpo está envuelto por tejido fascial. El movimiento entre las capas de la fascia es una parte esencial para que el sistema musculoesquelético funcione de forma óptima. Su engrosamiento o pérdida de cualidades, está relacionado con el dolor miofascial y la pérdida de movimiento eficaz. Desde una perspectiva puramente funcional, la fascia, al igual que otras estructuras como tendones o ligamentos, es capaz de transmitir fuerza dentro del sistema, pero además, la fascia tiene la misión de lubricar la interfaz de los tejidos.
Los entrenadores debemos tener la capacidad de observar que áreas tienen un déficit de movilidad, e ir más allá de músculos y huesos, comprender la fascia es importante para saber qué tipo de estímulos necesitamos aplicar con el fin de poder revertir las cosas y recuperar los patrones de movimiento que se encuentran alterados.
Seguiré hablando sobre la fascia en próximas entradas, abordando su composición y la importancia del colágeno, la energía elástica y en definitiva su influencia en el movimiento y en dolor miofascial para una mejor comprensión, ya que esto es de gran ayuda para una adecuada estructuración de los programas de entrenamiento.
Me despido de esta entrada citando a Myers (2021): “El reconocimiento de patrones es la habilidad clave, no la técnica empleada”
Gracias por tu tiempo de lectura, espero que te haya gustado. A continuación te dejo dos enlaces de interés en relación a este tema si quieres seguir profundizando.
- Líneas MiofascialesLíneas Miofasciales
- El colágenoEl colágeno
- Fascia y movimientoFascia y movimiento
CONTACTO
Referencias
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Educador Físico Deportivo. Graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Colegiado nº 64.218. Máster en Prevención y Readaptación de Lesiones Deportivas en el Fútbol por la UCLM y la RFEF. Máster en Cineantropomería y Nutrición Deportiva por la UV. Técnico Superior en Dietética y Técnico Superior de Fútbol (UEFA Pro). Apasionado del fitness y como deporte futbolero. Tengo la suerte de ayudar a personas a mejorar su salud a través del ejercicio.