El pie: Anatomía y biomecánica

El pie es la base sobre la cual se sostiene todo nuestro cuerpo. Dotados de una arquitectura extraordinaria, no solo nos permite caminar, correr y saltar, sino que también juega un papel crucial a la hora de mantener el equilibrio y gozar de una postura saludable y funcional.

A menudo, el cuidado, la movilidad y la fuerza del pie son aspectos que se pasan por alto en nuestra rutina de salud y bienestar. Sin embargo, prestar atención a la salud de los pies es vital para prevenir lesiones y problemas crónicos. La falta de cuidado puede llevar a problemas como dolor en el pie, fascitis plantar, o juanetes, y estos, a su vez, pueden afectar al resto del cuerpo.

Suele ocurrir que cuando alguien tiene un dolor, una patología, se pone el foco en el lugar donde duele o está la molestia, sino piensa cuántas veces un traumatólogo/a te ha mandado descalzarte para ayudarte a mitigar un dolor rodilla, cadera o espalda. Sabes como yo que la respuesta es ninguna vez.

La realidad es que una pisada asimétrica, alteraciones en los pies y una marcha poco funcional está en la raíz de muchas patologías comunes, por ello, lograr una mayor conciencia de la importancia del cuidado, movilidad y fuerza del pie, repercutirá positivamente en todo tu cuerpo.

Nuestro cuerpo debe ser visto como un sistema de vinculación por el cual un eslabón de la cadena puede tener un efecto incluso en eslabones distantes. En nuestros empieza todo. Para aprender a cuidarlos mejor, debemos conocerlos y ese es el propósito de este artículo.

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La anatomía ósea del complejo tobillo-pie representa el final de la extremidad inferior, que consiste en dos huesos en la pierna que se articulan con más de 30 huesos en el complejo tobillo-pie y una red de ligamentos, músculos y tendones que trabajan en conjunto (Rossi et al., 2020).

No es necesario conocer en profundidad toda la anatomía del pie, pero sí puede ser útil conocer algunas partes del pie para comprender mejor su movimiento, su implicación en la marcha y su influencia en otras estructuras corporales.

Esqueleto del pie

El pie humano consta de 26 huesos conectados por 33 articulaciones que se dividen en tres categorías:

  • Huesos del tarso (tobillo): Hay 7 huesos en esta sección, que incluye el astrágalo (hueso del tobillo), el calcáneo (talón), el navicular, el cuboide y tres huesos cuneiformes (medial, intermedio y lateral). Las articulaciones entre los huesos del tarso se denominan articulaciones intertarsianas.

  • Huesos del metatarso: Hay 5 huesos en esta sección, uno para cada uno de los cinco dedos del pie.

  • Falanges: Hay 14 huesos en total (2 para el dedo gordo, conocido como hallux, y 3 para cada uno de los otros cuatro dedos).

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Imagen 1: Fig. 15.1. The bones of the right foot. (A) Medial aspect. (B) Lateral aspect. (C) Superior aspect. Disorders on the foot, por Frowen, P., O'Donnell, M., Lorimer, D. and Burrow, G, 2016, 8ª ed, Elsevier

El complejo articular del pie

La articulación del tobillo (talocrural) y las articulaciones de los dedos tienen una función principalmente cinemática y su buen funcionamiento es esencial para una marcha adecuada.

Las articulaciones subastragalina y de Chopart son consideradas articulaciones de acomodación que tienen el propósito de amortiguar el choque del pie en el suelo y adaptarlo a las irregularidades del terreno. Ambas ejercen su acción se ejerce conjuntamente.

Articulación talocrural

La articulación talocrural, es también conocida como articulación del tobillo, conecta los huesos de la pierna, la tibia y la fíbula, con el talus del pie. Por su configuración anatómica, es una de las más congruentes y, por tanto, de las más estables de la extremidad inferior. 

La articulación del tobillo es de tipo sinovial en bisagra (facilita la rotación sobre un eje) y se halla formada por la tróclea astragalina y por la mortaja tibioperonea. Ambas poseen unas características anatómicas que condicionan la biomecánica del tobillo.

La “mortaja tibioperonea” está constituida por las superficies distales de la tibia y del peroné. El peroné solo se articula con la carilla externa del astrágalo a través del maléolo peroneo.

Articulación del tobillo; Articulación del pie
Imagen 2: Fig 1-3. Vista superior del astrágalo y cómo encaja en la mortaja tibioperonea. Cailliet René. Síndromes dolorosos del pie y del tobillo

Articulación tibioperonea distal o sindesmosis tibiofibular

Los segmentos distales de la tibia y el peroné se unen en la articulación tibiofibular distal o inferior a través de la sindesmosis tibiofibular, una lámina de tejido fibroso que carece de superficies cartilaginosas. Esta sindesmosis es una verdadera articulación fijada por los ligamentos tibiofibulares, que aseguran la estabilidad entre ambos huesos, resistiendo las fuerzas axiales, de rotación y de traslación.

La articulación subastragalina

El astrágalo se articula con el calcáneo conformando la articulación subastragalina. Además, en su porción anterior también se articula con el escafoides.

La articulación subastragalina es fundamental para los sistemas adaptativo y propulsor del pie, ya que controla la cinemática, sobre todo en el plano coronal o frontal, y actúa sobre la movilidad de las demás articulaciones y, por ello, en los otros dos planos (sagital y transversal) (Maestro et al., 2023).

La articulación subastragalina es en parte sinovial y en parte sindesmosis. Al igual que la articulación del tobillo, el movimiento de la articulación subastragalina es triplanar.

La articulación mediotarsiana (AMT) o articulación de Chopart

Esta articulación une el tarso anterior con el posterior. Conforma la unión que se forma entre las dos filas del tarso, a través de la unión entre astrágalo y escafoides, y entre calcáneo y el cuboides.

Engloba a las articulaciones calcaneocuboidea y astragaloescafoidea, que conjuntamente con la articulación subastragalin ainterviene en los movimientos de inversión y eversión del pie.

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Imagen 3: Articulación de Chopart desde una vista lateral del pie derecho

La cápsula articular recubre las superficies articulares de los huesos de la articulación del tobillo. Se tensa en la flexión plantar y se relaja en la flexión dorsal (Navarrete et al., 2022)

Músculos del pie y de la pierna

Los músculos que mueven el pie y los dedos de los pies se localizan en la pierna (Imagen 4 y 5). Los músculos de la pierna, al igual que los del muslo, están divididos por la fascia profunda en tres compartimientos: anterior, lateral y posterior. 

El compartimiento anterior de la pierna contiene músculos que dorsiflexionan el pie. Dentro de este compartimiento tenemos el tibial anterior localizado contra la superficie lateral de la tibia, el extensor largo del dedo gordo, localizado entre el tibial anterior –y parcialmente por debajo de éste– y el extensor largo de los dedos. 

El compartimiento lateral (peroneo) de la pierna contiene dos músculos que permiten la flexión plantar y la eversión del pie: el peroneo largo y el peroneo corto.

El compartimiento posterior de la pierna está compuesto por músculos de grupos superficial y profundo que flexionan el pie en la articulación del tobillo. Los músculos superficiales comparten un tendón de inserción común: el tendón de Aquiles. el más resistente del cuerpo, conocido como tendón calcáneo porque se inserta en el hueso calcáneo del tobillo. Los músculos superficiales del compartimiento posterior son: el gastrocnemio, el sóleo y el plantar, los denominados músculos de la pantorrilla. Los músculos profundos del compartimiento posterior son: el poplíteo, el tibial posterior, el flexor largo de los dedos y el flexor largo del dedo gordo.

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Imagen 4: Fig. 11.22. Músculos de la pierna que mueven el pie y los dedos. En Principios de anatomía y fisiología, por Tortora y Derrikson, 2011, 13rd ed, Madrid: Ed. Médica Panamericana.
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Imagen 5: Fig. 11.22. Músculos de la pierna que mueven el pie y los dedos. En Principios de anatomía y fisiología, por Tortora y Derrikson, 2011, 13rd ed, Madrid: Ed. Médica Panamericana.

Ligamentos del complejo pie-tobillo

Los ligamentos del complejo pie-tobillo son estructuras fibrosas que juegan un papel crucial en la estabilidad y movilidad del pie. Estos ligamentos conectan los huesos del pie y el tobillo, brindando soporte estructural y permitiendo una gama de movimientos controlados. Los principales ligamentos de esta zona incluyen el ligamento colateral lateral, el ligamento colateral medial (deltoideo), y el ligamento sindesmosis tibiofibular.

El ligamento colateral lateral se compone de tres fascículos (ligamento talofibular anterior, ligamento talofibular posterior y ligamento calcaneofibular), que ayudan a prevenir la inversión excesiva del tobillo. Por otro lado, el ligamento colateral medial o deltoideo es más robusto y se encarga de prevenir la eversión del tobillo. Finalmente, el ligamento sindesmosis tibiofibular une la tibia y el peroné, brindando estabilidad adicional a la articulación del tobillo.

Estructura y funciones del pie

Hay 3 partes importantes a conocer para entender la funcionalidad óptima del pie: la bóveda plantar, el apoyo posterior o retropié y el apoyo anterior o antepié.

La bóveda plantar y los arcos del pie

La bóveda plantar, en su parte superior formada por huesos, soporta fuerzas a compresión y en su parte inferior está constituida por ligamentos aponeuróticos y músculos cortos capaces de resistir esfuerzos de tracción. Se distingue en ella una serie de arcos longitudinales y otros transversales.

Los arcos del pie permiten que éste soporte el peso del cuerpo, distribuyen en forma ideal el peso corporal sobre los tejidos blandos y duros del pie y actúan como palancas al caminar. Tenemos tres arcos debajo de cada pie: los arcos longitudinal medial, longitudinal lateral y transverso (metatarsiano) (Figura 8.17). 

Los arcos del pie (longitudinal y transversal) actúan como amortiguadores naturalesno son rígidos sino que ceden cuando se aplica peso y recuperan su posición original cuando éste es retirado; de este modo, almacenan energía para el paso siguiente y ayudan a absorber impactos (Morris et al., 2019). La forma en que la fascia plantar sostiene estos arcos determina en gran medida si el ciclo de la marcha es saludable o no.

Los huesos que componen los arcos del pie son mantenidos en su posición por ligamentos y tendones. Si éstos se debilitan, la altura del arco longitudinal medial puede disminuir o “caer” (Tortora and Derrickson, 2011). El resultado de esta caída de los arcos es el famoso pie plano

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Imagen 6: Fig. 8.17. Vista lateral del pie. En Principios de anatomía y fisiología, por Tortora y Derrikson, 2011, 13rd ed, Madrid: Ed. Médica Panamericana.

Los músculos extrínsecos del pie conforman la viga ligamentosa pasiva y los mecanismos de soporte del arco verdadero. Se denominan así porque tienen su origen en la parte inferior de la pierna y las inserciones en el pie (es decir, cruzan la articulación del tobillo) (Watkins, 2016) 

Los músculos intrínsecos del pie están relacionados con el soporte del arco. Se ubican enteramente (tienen su origen e inserciones) dentro del pie.

Contribuciones de los músculos al arco del pie

El efecto que un músculo en particular tiene sobre los arcos (es decir, la tendencia elevarse o aplanarse) depende de la tendencia del músculo a (Watkins, 2016):

  1. Flexión plantar o dorsiflexión del intertarsiano, tarsometatarsiano y articulaciones metatarsofalángicas. Por un lado, la flexión plantar de cualquiera de estas articulaciones tenderá a elevar los arcos y reducir la tensión en el plantar ligamentoso. Por otro lado, la dorsiflexión de cualquiera de las articulaciones tenderá a aplanar los arcos y aumentar la tensión en los ligamentos plantares.
  2. El aumento o la disminución de la fuerza de reacción de la articulación del tobillo. El peso del cuerpo se transmite a los pies a través de las articulaciones del tobillo. En consecuencia, el efecto de un determinado actividad de soporte de peso (estar de pie, caminar, correr, saltar, saltando, etc.) en los arcos de los pies está determinada por la magnitud de las fuerzas de reacción de la articulación del tobillo; cuanto mayores son las fuerzas de reacción en la articulación del tobillo, mayor es la tendencia a aplanar los arcos, y viceversa. 

Si bien se acepta que tanto los mecanismos pasivos (como la viga y el arco verdadero) como los activos (musculares) contribuyen significativamente a la función del arco plantar (Norkin & Levangie, 1992), la contribución relativa de estos mecanismos en distintas actividades de soporte de peso aún no ha sido determinada.

El estribo que conforman tibial anterior y peroneo (Myers, 2014)

Se sabe que, juntos, el tibial anterior y el peroneo largo forman un «estribo» bajo los arcos del pie. El tibial anterior tira hacia arriba de una porción débil de la parte medial del arco longitudinal del pie, el tendón del peroneo sostiene al cuboides, la piedra angular de la parte lateral del arco, y juntos ayudan a evitar la caída del arco transverso proximal.

Según Myers existe una interacción entre ambos: un tibial anterior laxo, o en «bloqueo largo», acompañado de un peroneo contraído, o en «bloqueo corto», contribuirá a mantener el pie en eversión o pronación, con una tendencia a la caída de la parte medial del arco longitudinal.

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Imagen 7: Fig. 6.15. En Anatomy Trains, por Thomas Myers, 2014, 3rd ed, Barcelona: Elsevier España, S.L.U.

El complejo del retropie

El retropié es una región del pie situada entre los extremos distales de la tibia y el peroné, que incluye el astrágalo y el calcáneo. Estos huesos forman una parte importante del tobillo y desempeñan un papel clave en los movimientos de inversión y eversión del pie (Howcroft et al., 2020). 

El término “complejo del retropié” se utiliza con frecuencia para describir la interdependencia funcional entre el tobillo, la articulación subastragalina y las articulaciones mediotarsianas (Bowden & Bowker 1995, Downing et al 1978, Nester 1997; como se citó en Mooney & Campbell, 2016).

El complejo del retropié facilita los movimientos triplanares del pie, que se denominan pronación y supinación (Fig. 15.5) (Kitaoka et al 1997a, Nester 1997; como se citó en Mooney & Campbell, 2016). La movilidad y estabilidad en esta región son fundamentales para una marcha eficiente y prevenir lesiones en el pie y el tobillo.

El complejo del retropié está involucrado en la distribución del peso corporal y en la adaptación a terrenos irregulares

La línea de Helbing

La línea de Helbing determina los grados de pronación o supinación del retropie. Helbing la describió como una línea imaginaria perpendicular en el plano frontal que abarca desde el centro del hueco poplíteo hasta la inserción del tendón de Aquiles, y otra desde la inserción de tendón de Aquiles hasta el talón y esta se dividía en dos mitades simétricas, formando un ángulo, el denominado Ángulo de Helbing, que puede cuantificarse en grados, obteniendo la morfología del talón (Viladot, 1989).

Un talón en estático, sólo influenciado por el peso corporal y la acción de la gravedad, es considerado NEUTRO si refleja unos parámetros de normalidad en valgo fisiológico entre los 0º hasta los 5º de valgo, lo cual contribuye a amortiguar el choque del talón con el suelo durante la marcha. El talón queda dividido en dos mitades simétricas o casi simétricas.

Si el ángulo de Helbing supera los 5º podemos hablar de un talón VALGO o PRONADO. Existe una sobrepronación que se refleja en cómo la línea se dirige hacia el lado externo del cuerpo y se aprecia como el talón se queda fuera de la línea.

Por el contrario, cuando el talón se dirige hacia dentro en relación con el suelo, hablamos de un talón VARO o SUPINADO. La línea se dirige hacia el lado interior, quedando el talón queda dentro de la línea.

Imagen 8: El ángulo y la forma del tendón de Aquiles indican cómo se acerca el pie al contacto con el suelo

El antepié

En las personas existe una gran variabilidad en la terminación anterior de los dedos y en los metatarsianos que dan origen formas del antepié muy diferentes.

Existe una clasificación según la longitud relativa de los dedos en el antepié. Según esto existen los siguientes tipos de pies:

  • Pie cuadrado: El dedo gordo es aproximadamente igual al segundo y los demás van decreciendo en longitud. Es el menos frecuente entre la población con un 9%.
  • Pie griego: El dedo gordo es más corto que el segundo y cada uno de los siguientes va haciéndose más corto con relación al segundo.
  • Pie egipcio: El dedo gordo es más largo que el segundo y los demás son progresivamente más cortos. Es el tipo más habitual con un 69%.
Imagen 9: Tipos de pie según la longitud relativa de sus dedos

La otra clasificación del tipo de pie será en función de la longitud del primer metatarsiano o hallux. Dependiendo de su tamaño podremos diferenciar 3 tipos de pies:

  • Index minus: El primer metatarsiano es más corto que el segundo.
  • Index plus: El primer metatarsiano es más largo que el segundo.
  • Index plus minus: El primer y el segundo metatarsiano son iguales.

Esta clasificación es una de las más importantes a nivel médico, dado que los metatarsianos son las “palancas” que nos ayudan a la propulsión. 

Tipos de pie. Hallux
Imagen 10: Clasificación de los tipos de pie según la longitud del primer metatarsiano

La importancia del primer meta del pie

El dedo gordo del pie, denominado hallux, tiene un papel imprescindible en la mecánica de la parte inferior del cuerpo, especialmente durante la marcha, cuando caminamos o cuando corremos, pero también en muchas acciones que realizamos. El hallux controla el movimiento de pronación que se necesita al movernos hacia delante.

En el antepié, durante la marcha, la carga se distribuye a través de todos los metatarsianos, con la particularidad de que el hallux, por ser anatómicamente el más dotado, absorbe como mínimo el doble de fuerza que cada uno de los restantes y la transmite al suelo a través de los sesamoideos (Viladot, 1990)

El dedo gordo del pie es una llave de acceso a la movilidad de la cadera. A medida que el pie rueda hacia adelante, el dedo gordo se levanta del suelo y propulsa el cuerpo hacia adelante. Esto conecta con nuestras caderas, a nivel muscular con los glúteos y es necesario para acceder a determinada movilidad necesaria en la cadera.

Cualquier desequilibrio en el pie que pueda afectar a la mecánica del dedo gordo te llevará a un menor rendimiento y te expondrá a lesiones. Básicamente esta situación alterará la forma en que se distribuye el peso en el pie, lo que conduce a una menor funcionalidad, a una menor capacidad de propulsión e implica un mayor riesgo de lesión, ya no sólo en el pie, sino de otras estructuras como la rodilla, la cadera o la espalda.

Perder 12º de angulación del dedo gordo del pie con respecto al resto del pie puede tener un impacto significativo en la marcha, especialmente en la fase de despegue, ya que disminuirá la eficiencia del empuje contra el terreno.

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Imagen 11: Pérdida de angulación del primer metatarsiano del pie

Además, con el tiempo, provocará cambios compensatorios en la dinámica de la marcha, como puede ser un aumento de la pronación del pie, en la longitud del paso o en la cadencia, y puede suponer un estrés adiciona en otras partes del pie lo que puede causar dolor o molestias ya no sólo en el pie sino en otras estructuras alejadas. Por último y no menos importante, a la larga, puede afectar a la alineación postural al influir en las rodillas, la pelvis o la columna vertebral.

La línea "MEYER" del pie

La Línea Meyers es una línea de eje simple que se utiliza para evaluar la alineación anatómica y funcional del dedo gordo en relación con el resto del pie

En una situación ideal, el dedo gordo debe conformar la parte más ancha del pie, debe seguir el ángulo del primer metatarsiano. Esto aumentará el punto de equilibrio y evitará la disfunción del movimiento

Cuando el dedo gordo empieza a vencerse hacia dentro, lo que se conoce como juanete o hallux valgus, se generará una disfunción en las mecánicas del pie y del resto del cuerpo en consecuencia.

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Imagen 12: Meyers line functional & Meyers line dysfunctional

Biomecánica del pie

Los movimientos del pie son esenciales para mantener el equilibrio, la estabilidad y la funcionalidad durante la marcha y otras actividades físicas. Para ello, nuestro pie debe ser lo bastante rígido como para impulsarnos hacia delante pero lo suficientemente móvil como para adaptarse a todo tipo de superficies.

Movimientos del pie

El movimiento articular del tobillo es triplanar, es decir, el movimiento se produce simultáneamente en el plano sagital, coronal y horizontal, pero el movimiento predominantemente es el que ocurre en el plano sagital (flexoextensión). Se considera normal unos 15-20º de dorsiflexión y unos 40-50º de flexión plantar.

Dorsiflexión y flexión plantar

El centro de giro de este movimiento de flexoextensión se encuentra en el astrágalo. En flexión dorsal máxima existe el máximo contacto entre las superficies articulares y la articulación está bloqueada. Al iniciarse la flexión plantar existe una descompresión de la articulación y se produce el deslizamiento.

La flexión dorsal del pie, conocido como movimiento de dorsiflexión, eleva el pie hacia arriba, acercándose a la tibia, algo que es crucial para evitar tropiezos durante la marcha (MacLean et al., 2017). 

La dorsiflexión del tobillo requiere rotación interna tibial. Esta rotación tibial interna permite la caída necesaria del hueso astrágalo para permitir que el arco caiga y la espinilla avance sobre el pie. Si el astrágalo no cae, el pie no prona, la tibia/espinilla roza el astrágalo y esto es a menudo lo que puede contribuir a un “pellizco” en el tobillo.

La dorsiflexión implica pronación. Al bajar el arco y estirarse la fascia se crea el espacio en las articulaciones del pie y del robillo para que la espinilla se mueva sobre el pie. Se suele creer que la dorsiflexión del tobillo es solo pasar por encima de los dedos de los pies, pero debemos tener presente que somos pronadores naturales y que el principal mecanismo de movimiento es la pronación, no la dorsiflexión. Por eso, cuando se entrena la movilidad del tobillo, tiene mucho sentido crear movimientos intencionales de pronación.

La posición del astrágalo es determinante para pronar el pie y dorsiflexionar el tobillo. Cuando el astrágalo se desplaza hacia delante, la capacidad de acceder a estos movimientos será limitada. Volver asentar el astrágalo en su sitio puede suponer mejoras significativas en la función del pie y el tobillo.

Durante la dorsiflexión el talón se mueve y avanza sin perder el borde exterior del pie.

La extensión de la articulación talocrural es la flexión plantar, el movimiento opuesto a la dorsiflexión, en el que el pie se apunta hacia abajo, haciendo del pie una prolongación de la pierna. Este movimiento es importante para el empuje durante actividades como caminar y correr (MacLean et al., 2017). La amplitud de extensión es mayor que la de flexión.

Inversión y eversión

El movimiento de inversión describe aquel en que la planta del pie se gira hacia adentro, hacia la línea media del cuerpo. Este movimiento es fundamental para la estabilidad lateral del tobillo y el pie (Grigg et al., 2019).

El movimiento opuesto es la inversión, en el que la planta del pie se gira hacia afuera, lejos de la línea media. La eversión es importante para la adaptación a superficies irregulares (Grigg et al., 2019).

Aducción y abducción

El movimiento de aducción es aquel en el que la parte delantera del pie se acerca a la línea media del cuerpo. La aducción permite un ajuste más fino del pie durante la marcha y otras actividades (Palluel et al., 2018).

La abducción es movimiento opuesto a la aducción, en el que la parte delantera del pie se aleja de la línea media del cuerpo. La abducción facilita la estabilidad y la distribución del peso corporal (Palluel et al., 2018).

Pronación y supinación

La pronación implica abducción simultánea (eje vertical), dorsiflexión (eje mediolateral) y eversión (eje anteroposterior) (Imagen 11; Fig. 15.5 A,B). Del mismo modo, la supinación implica la aducción simultánea, flexión e inversión plantar (Imagen 11; fig. 15.5 B,C). Pero debemos tener en cuenta que estos movimientos de supinación y pronación descritos se refieren a los movimientos del complejo del retropié cuando el pie no está soporte de peso

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Imagen 13: Fig. 15.5. Supination and pronation of the foot. (A) Full pronation. (B) Neutral position. (C) Full supination. En Disorders on the foot, por Frowen, P., O'Donnell, M., Lorimer, D. and Burrow, G, 2016, 8ª ed, Elsevier.

La realidad es que la mayor parte del tiempo, el pie soporta peso, y estas mecánicas de movimiento están restringidas, dependiendo de la magnitud y distribución de la fuerza de reacción del suelo que actúa sobre la parte plantar del pie.

Nuestro pie está diseñado para hacer dos cosas: supinar y pronar. Así, podemos considerar que la pronación y la supinación son formas que definen lo que le sucede al retropié en relación con el antepié, y a la capacidad para mantener el contacto con el suelo.

La pronación y la supinación son en realidad “giros” relativos entre el antepié y el retropié. En la supinación el talón y el retropié se mueven hacia afuera (inversión) y el antepié se mueve (relativamente) hacia dentro (eversión). Al contrario, durante la pronación, el talón y el retropié se mueven hacia adentro, acercándose al piso (eversión) y el antepié se mueve (relativamente) hacia afuera (inversión).

La supinación es una forma definida por:

  • Dorsiflexión e inversión del retropié
  • Flexión y eversión plantar del antepié.

En general, esta es una forma de rotación externa.

La pronación es una forma definida por:

  • Flexión plantar y eversión del retropié.
  • Dorsiflexión e inversión del antepié

En general, esta es una forma de rotación interna.

Los movimientos reales del pie bajo las condiciones de soporte de peso son modificaciones de la supinación y la pronación, y como tal, implican un movimiento triplanar simultáneo en todas las articulaciones del complejo del retropié. Suele ocurrir que al describir el movimiento de el pie en condiciones de soporte de peso los términos supinación e inversión se utilizan a veces como sinónimos, al igual que los términos pronación y eversión.

Una pronación adecuada implica que haya longitud en la planta del pie, por ello describe lo siguiente:

  • El arco debe aplanarse relativamente sin que todo el pie colapse.
  • El talón rueda hacia adelante.
  • Puedes mantener los puntos de contacto del trípode en tu pie todo el tiempo.
  • La rodilla pasa por encima del primer y segundo dedo del pie

El movimiento de la tibia influye en la capacidad de movimiento del pie

La tibia, o hueso de la espinilla, se articula con el pie a través del tobillo mediante la articulación talocrural, donde la tibia se une con el astrágalo del pie. Esta articulación permite los movimientos de dorsiflexión y flexión plantar, que son esenciales para caminar, correr y realizar otras actividades (Dawson et al., 2019).

La rotación tibial, sea interna como externa, va a influir en la morfología y en el comportamiento del arco plantar, afectando de pleno a la biomecánica del tobillo. Durante la marcha, la tibia rota hacia adentro (rotación interna) durante la fase de apoyo, lo que permite la pronación del pie y una mejor absorción de impactos (Nolan et al., 2018). Durante la fase de despegue, la tibia rota hacia afuera (rotación externa), permitiendo la supinación del pie y una propulsión más eficiente.

Su posición y movimiento pueden influir en cómo el pie se mueve y distribuye las fuerzas durante la marcha. Si existen limitaciones en la dorsiflexión o problemas de alineación del miembro inferior, pueden llevar a desequilibrios en la biomecánica del pie contribuyendo a una marcha ineficiente y un mayor riesgo de lesiones, como esguinces de tobillo y problemas en las articulaciones de la rodilla y la cadera (Howcroft et al., 2020).

Los problemas en la movilidad del pie pueden llevar a desequilibrios en el cuerpo y aumentar el riesgo de lesiones en otras áreas, como las rodillas, las caderas y la columna vertebral (Stewart et al., 2021). A continuación te dejo dos enlaces a la biomecánica de la rodilla o la cadera si deseas ampliar información.

El mecanismo de Windlass

¿Qué es el efecto Windlass del pie?

El mecanismo de Windlass, conocido como mecanismo molinete del pie describe la manera en que la fascia plantar sostiene el pie durante las actividades de carga de peso y proporciona valiosa información sobre las tensiones biomecánicas ejercidas sobre la fascia plantar.

Implica la tensión del tendón del flexor largo del dedo gordo del pie (hallux) durante su movimiento de dorsiflexión en la fase de despegue de la marcha creando un efecto de “cuerda de arco” que eleva el arco longitudinal medial del pie (se eleva el puente) y lo vuelve más rígido para proporcionar un mejor soporte y propulsión (Caravaggi et al., 2018). A su vez, acorta las distancias entre las cabezas de los metatarsianos y el talón, es decir, el retropié se aproxima al antepié (Kappel-Bargas et al., 1998)

Este mecanismo es esencial para una marcha eficiente, ya que permite una transferencia más efectiva de las fuerzas desde el pie al suelo. También ayuda a prevenir lesiones al mantener la integridad estructural del pie durante actividades repetitivas de carga de peso (Caravaggi et al., 2018).

¿Cómo se desarrolla?

La aponeurosis plantar se extiende por todo el tarso y metatarso uniendo la cara inferior del calcáneo con las superficies plantares de las bases de las falanges proximales de los dedos de los pies.

La extensión de las articulaciones metatarsofalángicas enrolla la aponeurosis plantar alrededor de las cabezas de los metatarsianos, como un cable que se enrolla alrededor de un molinete, que simultáneamente eleva el arco longitudinal (Fig. 15.9). Esta acción es conocido como el mecanismo de molinete del pie (Hicks, 1954).

Es un mecanismo que requiere una rotación externa en la tibia.

La flexión de las articulaciones metatarsofalángicas desenrolla la aponeurosis plantar y baja el arco longitudinal; esta acción se denomina el molinete inverso (Aquino & Payne 2000). La acción del molinete inverso es una característica de la fase de carga (de golpe de talón a pie plano) y gran parte de la fase de apoyo único en la marcha. Durante este período, el complejo del retropié normalmente prona, lo que desenrolla la aponeurosis plantar y baja el arco longitudinal.

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Imagen 14: Fig. 15.9. The windlass effect of the plantar aponeurosis resulting from dorsiflexion of the metatarsophalangeal joints. En Disorders on the foot, por Frowen, P., O'Donnell, M., Lorimer, D. and Burrow, G, 2016, 8ª ed, Elsevier.

Efecto Windlass y dedo gordo

El mecanismo de Windlass se puede ver afectado por alteraciones en algunas estructuras o tejidos del pie, principalmente en la fascia plantar (también al Tendón de Aquiles), pudiendo derivar en una fascitis plantar (inflamación) en los casos agudos o una fasciosis plantar (degeneración) en los casos crónicos.

La principal causa es la disfunción del dedo gordo del pie, el denominado Hallux limitus Functional (HLF) (Dannanberg, 1986) y que se define como una limitación de la flexión dorsal de la primera articulación metatarsofalángica durante la fase propulsiva de la marcha, sin que exista una limitación en condiciones sin carga. 

El calzado convencional, especialmente el que acaba en punta, tiende a provocar la desviación hacia dentro del dedo gordo del pie. Cuando el dedo gordo no está en su sitio, el puente cae y se produce una mayor rotación interna de la tibia.

Test de Jack

El test de Jack, también conocido maniobra de Hubscher, se puede utilizar para evaluar la capacidad del dedo gordo del pie para producir el mecanismo de Windlass y la estabilidad del arco interno del pie. Es una simulación del mecanismo de Windlass que describió Hicks en 1954 y que nos sirve para comprobar la integridad de los ligamentos y de la fascia plantar (Richie, 2007).

Para su realización, la persona debe estar  descalza y de pie, con el peso repartido por igual a ambos pies. El evaluador levantará el dedo gordo de un pie sin demasiada fuerza y seguidamente el otro para comparar. Al flexionar de forma pasiva el primer metatarsiano del pie, el mecanismo de Windlass se activará. Si el pie tiene una buena condición (test negativo):

  • Se levantará un poco el arco interno del pie,
  • La parte posterior del pie asuma una posición invertica
  • La tibia rotará externamente llevando la rodilla ligeramente hacia afuera
  • Se observará una banda apretada en la aponeurosis plantar

El test resulta positivo si el dedo gordo no se levanta o implica realizar una fuerza excesiva, es decir, la dorsiflexión del hallux es difícil, no se aprecia una elevación del arco interno, significa que el mecanismo de windlass brilla por su ausencia, lo que repercutirá de forma ascendente en toda la extremidad inferior. Si la dorsiflexión del hallux es limitada (60 grados es normal en soporte de peso) el cuerpo recurrirá a introducir estrategias compensatorias del pie.

La estabilidad del pie

La estabilidad del pie es esencial para mantener una postura equilibrada y asegurar una marcha eficiente. Existe una base de apoyo formada por tres puntos clave en la planta del pie, que juega un papel crucial en proporcionar esta estabilidad, es el denominado “trípode plantar”.

El trípode plantar

Los tres puntos del trípode son el talón, la cabeza del primer metatarsiano y la cabeza del quinto metatarsiano. Estos puntos distribuyen el peso corporal de manera uniforme durante la bipedestación y la marcha, permitiendo al pie adaptarse a diferentes superficies (Rosenbaum et al., 2018, Mickle et al., 2019).

La postura del trípode ayuda con la coactivación de las cadenas anterior, posterior, medial y lateral de la pierna para ayudar en el apoyo y la estabilización.

La estabilidad del pie también está influenciada por la función de los músculos intrínsecos del pie y los ligamentos, que ayudan a mantener la integridad del trípode plantar.

Las alteraciones en el trípode plantar pueden conducir a desequilibrios biomecánicos y aumentar el riesgo de lesiones, como esguinces de tobillo y problemas en las articulaciones de la rodilla y la cadera (Rosenbaum et al., 2018)

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Imagen 15: El trípode plantar

La huella del pie

La huella del pie es una representación gráfica de las áreas de contacto entre la planta del pie y una superficie plana, es decir, es el área de tus pies que está en contacto con el suelo cuando estás de pie. Supone un fiel reflejo del estado de las estructuras anatómicas y es considerada una forma válida de analizar la estructura del pie (Shiang et al., 1998).

Su análisis puede proporcionar información valiosa sobre la distribución de la presión en el pie durante la bipedestación y la marcha, así como sobre la forma y estructura del pie, puede ayudar a crear conciencia sobre este aspecto del movimiento y sobre la respuesta del cuerpo en el global cuando nos desplazamos.

El dispositivo que ofrece una representación visual de la huella del pie es el podograma, muy útil para identificar diferencias en la forma del pie, como pie cavo, pie plano o pie normal, y sus respectivas distribuciones de presión.

La forma de la huella del pie está estrechamente relacionada con el tipo de pie, que puede clasificarse como pie cavo (arco alto), pie plano (arco bajo) o pie normal. Cada tipo de pie presenta diferencias en la distribución de las presiones y en el rol que desempeña en la estabilidad del cuerpo

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Imagen 16: Podogram (footprint)

En una situación ideal, la huella que se vería en un podograma sería parecida a la imagen de A.

En una situación alterada, tenemos la opción B (pies cavos) y la opción C (pies planos) que afectarán su capacidad para absorber impactos y, por lo tanto, colocarán una carga compensatoria innecesaria en el propio pie, en rodillas, caderas y espalda.

La información de la huella plantar puede ser fundamental para los podólogos pero también para otros profesionales de la salud en general, ya que les permite evaluar y diagnosticar problemas biomecánicos en el pie y proponer tratamientos adecuados así como ser relevante en la prescripción de ejercicio.

Las diferencias en la forma de la huella y el tipo de pie pueden influir en la biomecánica del tobillo, lo que a su vez puede afectar la salud general y el rendimiento físico.

Si tiene asimetría en los pies, se observarían huellas diferentes, el peso de su cuerpo no se distribuye por igual a través de sus pies. Esto significa que los receptores sensoriales no se estimulan adecuadamente, lo que da como resultado que la información llegue al cerebro de manera inadecuada afectando a la estabilidad, la marcha y la salud en general.

El poder propioceptivo del pie

La propiocepción del pie es la capacidad de percibir la posición, el movimiento y la orientación del pie en relación con el cuerpo y el entorno. Los pies están en una posición única para dar retroalimentación sobre nuestra relación con el suelo por lo que podemos considerar al pie como el responsable de gran parte de nuestro control propioceptivo, ya que las señales que envían al cerebro son cruciales para mantener el equilibrio y la estabilidad en diversas condiciones y terrenos (Howcroft et al., 2020).

Este gran control propioceptivo es posible gracias a una variedad de mecanorreceptores incrustados dentro de la capa dérmica, entre los que se incluyen los corpúsculos de Pacini, los corpúsculos de Ruffini y los receptores de la piel y las articulaciones. Todos ellos desempeñan un papel crucial en la detección de la tensión, la presión y el estiramiento en el pie (Palluel et al., 2019).

Cada tipo de receptor está asociado con una sensación diferente, tal como puedes apreciar en la siguiente imagen

Un pie funcional es esencial para aportar referencias óptimas de los apoyos al Sistema Nervioso Central (SNC).

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Imagen 17: Mecanorreceptores de la capa dérmica ubicados en el pie

La densidad de distribución se indica mediante patrones de sombreado de negro (alta densidad) a gris claro (baja densidad)

La disminución de la sensibilidad motivada por el empleo habitual de un calzado inadecuado disminuye la capacidad propioceptiva del pie y con ello se empeora la salud general del pie.

Conclusiones

Los pies son una de las partes del cuerpo que más empleamos cada día pero sobre la que quizá no tengamos la debida conciencia sobre su salud, movimiento, entrenamiento y cómo eso repercute en nuestra postura, en el rendimiento o en las lesiones.

Debemos darle su importancia y comprender que las posibilidades o capacidades de movimientos del pie son fundamentales para la locomoción, la estabilidad y la funcionalidad del cuerpo humano.

Al abordar los desequilibrios de los pies, puede aliviar la tensión innecesaria en los músculos y promover una mejor alineación y movimiento. Al eliminar cualquier desequilibrio de nuestros pies y garantizar una alineación adecuada, podemos mejorar la función de nuestras caderas y músculos centrales, lo que lleva a una mejor estabilidad, equilibrio y rendimiento en diversas actividades físicas.

En definitiva, comprender la biomecánica del pie es crucial para desarrollar intervenciones efectivas para mejorar la función del pie, aumentar el rendimiento y prevenir lesiones. 

En futuras entradas hablaremos de cómo el entrenamiento de la musculatura del pie mejora la regeneración de los tejidos, y qué ejercicios podemos realizar para disminuir el dolor y mejorar la salud del pie.

CONTACTO

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